Una persona no es nadie sin su mejor amigo. Un kryptoniano tampoco. Bien lo sabía James Gunn cuando trajo de vuelta al hombre de acero al cine y bien lo sabe Craig Gillespie en la segunda película de Supergirl en solitario (la anterior data de 1984). Superman (y Supergirl) no es nadie sin Krypto, el súper perro.
«¡Caramelo, somos nosotros! ¡Ven aquí!»
Ryan North, a quien tenemos idolatrado gracias a su trabajo al frente de Los 4 Fantásticos, es el encargado (junto al dibujante Mike Norton) de adaptar el origen del mejor amigo de Kal-El para las nuevas audiencias y los modos comiqueros del siglo XXI. No en vano la primera aparición de Krypto (en la que Otto Binder sintetiza su historia) queda en el ya lejano 1955; así que ya iba siendo hora de rescatar su origen y adecuarlo a los nuevos tiempos.
En este sentido el guionista se muestra sorprendentemente fiel a lo dispuesto por Binder en apenas seis viñetas, enlazando el viaje espacial del perro con el que luego haría el bebé Kal-El y explorando la efímera felicidad de Jor-El y Lara como padres primerizos. Este es un detalle importante; no tanto porque se le dedique prácticamente todo el primer capítulo, sino porque sintetiza el tono e intenciones de lo que será el resto del cómic.
Parte de la gracia de Krypto: El último perro de Krypton es que está narrado desde la perspectiva del súper perro. Él es el absoluto protagonista… y es un perro. ¿Qué implica esto? Pues lo que estáis pensando, que se comporta, actúa y ladra como un perro. No faltan los diálogos a lo largo de la aventura, pero responden siempre a los humanos con los que se cruza Krypto en su odisea hasta reencontrarse con Clark en Smallville. Krypto es un perro y es representado como tal, haciendo que en muchos momentos la narración sea solo visual.
Así, aunque el guion parta de North, la magia la pone Norton, que dibuja a un protagonista cargado de expresividad en el que si tenéis un fiel compañero de vida veréis reflejadas muchas de sus monerías y travesuras. Si habéis visto De vuelta a casa, un viaje increíble (Duwayne Dunham, 1993) os podéis hacer una idea del tipo de aventura que plantean escritor y dibujante. Y si no la habéis visto, no sé a qué estáis esperando, es un clásico del cine familiar que os humedecerá las mejillas queráis o no. Más o menos como hace Krypto: El último perro de Krypton.
Obviamente se trata de un viaje a casa salpicado por la dosis súper de rigor. No escasean los momentos de acción fantástica propias del universo supermanero y Krypto, aún perdido y solo en un mundo extraño, es todo un súper héroe, dispuesto a darlo todo por proteger a quien más lo necesite, sea humano o perro. Pero ante todo este es un cómic que apela a las emociones. Es imposible no empatizar con el curioso (e ingenuo) cachorro que, sin posibilidad alguna de volver a su hogar, solo busca un abrazo protector. Ese mismo abrazo que a buen seguro daréis a vuestros revoltosos peluches cuando hayáis acabado de leer el cómic.

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