Antlers: Criatura oscura

Antlers. Criatura oscura: Monstruos en casa

Scott Cooper (con quien hablamos en su día a propósito del filme Black Mass) se interna con Antlers: Criatura oscura en el género de terror, bajo el paraguas de Guillermo del Toro y sin renunciar a algunos de los elementos característicos de su cine, dando lugar a una propuesta sugerente pero no siempre acertada. A partir de la relación de dos hermanos con su pasado, el director explora nuestra relación con la familia y con los monstruos.

 

Keri Russell y Jeremy T. Thomas

 

En base al terror desde la perspectiva de la fantasía oscura, resulta muy interesante cómo aborda el folclore norteamericano que, con una mirada realista de la tradición, busca no solo humanizar al monstruo (una de las obsesiones de del Toro, su productor), sino usar a este como alegoría de los monstruos que nos acechan en casa cuando somos más vulnerables, cuando somos niños. Sin embargo, el rico imaginario en torno a la figura del wendigo y la cultura algonquina pronto queda eclipsado por la búsqueda constante de la metáfora de la figura paterna como monstruo y por una forzada acomodación final a los estándares del subgénero. Así, el drama acaba claudicando al tópico del monstruo malvado, de ese animal irracional al que hay que matar para salvar la vida.

 

A pesar de contar tanto con una mirada adulta como con una infantil para abordar el relato, Antlers evita explorar el poder sugestivo de las leyendas, tomando (de forma coherente con esa mirada realista) los mitos de una forma más física e, incluso, dolorosa. La fábula queda aparcada a favor del drama y un miedo mucho más tangible. La película no enmascara, pues, delicados temas como el bullying escolar o el maltrato (y los abusos) en el seno familiar; pero siempre -esto es importante- desde el lado de la víctima. Todo ello en el contexto, además, de una localidad en ruinas, abandonada a su suerte, lo que favorece una atmósfera de aislamiento y desesperanza.

 

Hay muchas buenas intenciones y por momentos apunta en la dirección correcta, pero en otros tantos la película no consigue cohesionar su amalgama temática y acaba tirando por la calle de en medio, recurriendo a los señalados lugares comunes del género. Y es que salvo sus dos protagonistas (Keri Russell y el pequeño Jeremy T. Thomas), el resto de personajes no son precisamente profundos, teniendo una función utilitaria en la trama; aspecto que repercute también en el discurso del filme que, a pesar de sus pretensiones, tiende a ser más sugerente que reflexivo, restándole impacto al mismo. Al final, pues, Scott Cooper nos presenta un relato ciertamente interesante, pero que deja poco poso.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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