Una semana en Córcega

Una semana en Córcega: Padre con nuevos apuros

Jean-François Richet trae una adaptación de la cinta de 1977, que en la original comparte el mismo título Un moment de égarement (Un momento de distracción), nombre más puntero con la temática que explora la trama. La nueva versión cuenta con los dos pesos pesados del cine francés actual: François Cluzet y Vincent Cassel, que aquí se presentan en modo papás. Ambos progenitores deciden pasar unos días en Córcega con sus respectivas hijas adolescentes, Louna y Marie. Cassel es el padre enrollado y permisivo mientras que Cluzet encarna al típico pelmazo y preocupado con cada salida de su –ya no tan niña– Louna. Ambos son dos “cuarentañeros” en plena forma, pero mientras a éste último le encantan las batallitas de la juventud, al otro se le ve más interesado con al actualidad de los jóvenes, redes sociales incluidas. Así que esa es la presentación de los cuatro personajes; todo en un entorno natural idílico. Pero el meollo llega cuando Laurent (Cassel) intima con la hija de Antoine (Cluzet) y cómo las pasa canutas para taparlo a su amigo.

 

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Muy cerca tenemos la película Dos madres perfectas, aunque mientras ésta se movía en el drama, el presente percance viene en forma de comedia, un género poco visto en la filmografía del actor de El odio. Es por su parte principalmente por donde llega la gracia, al que el pecado y el castigo le viene en forma de guapa adolescente e hija de su colega. La chica, loca y repentinamente enamorada, intentará varias artimañas para seducirle. La temática no es nada nueva porque ya sabemos de varios affaires de esta índole en el séptimo arte. Qué típico es ver a jovencitas enamoradas platónicamente de adultos de su entorno. Y eso que cada vez parece que hay más historias donde se cambian los roles: jóvenes enamorados de mujeres maduras. Como telón de fondo para los gags está el interesante choque de generaciones que hace la película, en la que presenta a unos adultos que se sienten jóvenes, y unos estudiantes que maduran demasiado temprano. Desde fuera la psicología de la niña se entiende dados los enamoramientos platónicos típicos de esa edad. Sus ataques de infantilismo cuando le ve con otra en la discoteca, las insinuaciones a Laurent (Vincent)… ¿Capricho? ¿Morbo? Lo que sí se ve es un torbellino de emociones, tan efusivas y adolescentes.

 

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Mientras, Cassel intenta lidiar con el error como puede, y sus momentos de agobio se traducen en simpáticos al público. Su amigo Antoine bastante ocupado está en su batalla con los jabalíes. Con menos protagonismo, Cluzet también da muestras de humor. Lola Le Lann, valga la redundancia, es una Lolita. Muy bien escogida con sus rasgos exóticos y dulces a la vez, realiza un buen comienzo de carrera.

 

Lo que demuestra la película es la buena salud de la que goza el cine galo. La película, sin ser una obra maestra, se defiende bien y ha salido airosa en taquilla. Las formas son básicas, con algún que otro momento cursi con tanta música para destacar la belleza del paisaje, que no requiere de melodías para cautivar. Hay falta de sutilidad, el mensaje es director y no juega con las sensaciones. Pero Una semana en Córcega hace pasar un rato agradable y posee un toque simpático.

 

Vincent Cassel y Lola Le Lann

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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