Colo

Colo (‘Animal’): «Me tienta muchas veces hacer historias limítrofes»

Dentro del caos que supone cualquier convención de cómics (más aún de una que nos ha tratado tan mal a los medios como ha sido la Heroes Comic-con de Madrid) que Dibbuks nos haya permitido hablar un ratito a solas con Colo ha sido un lujazo. Más aún teniendo en cuenta que los dos firmantes de esta entrevista iban en calidad de entrevistadores y de fans enfervorecidos de una de las obras más llamativas e interesantes de 2018. Animal nos cuenta la historia de un hombre que decide un día dejar de ser persona. Que decide renunciar a su estatus de ser humano. Aquí abajo podéis encontrar algunas pistas sobre los motivos que han llevado al artista madrileño a escribir una historia que parece loca en primera instancia, pero que a todos nos deja con un runrún en la cabeza.

 

RJ Prous: ¿Cómo surge Animal?

Colo: Mis ideas hacen un efecto de bola de nieve. Yo soy un tipo que tiendo a tener la atención alta, se me van ocurriendo muchas ideas (tiendo a divagar) y de vez en cuando aparece alguna idea que, por lo que sea, me gusta. Entonces la meto ahí, en la memoria, en el archivo, la guardo ahí en la cabeza y veo si sobrevive o no al tiempo, porque hay muchas que se olvidan. ¿Conocéis a Rafael Azcona, el guionista de cine? Azcona dice que nunca tomaba notas de nada. Él a lo mejor quedaba con un director porque el director quería trabajar con él y decía ‘Vamos a ver de qué quieres hacer la película‘. Le contaba Berlanga: ‘Pues una de un verdugo‘. Entonces se dedicaban a ir a comer, se pasaban comiendo seis o siete meses hablando de la película y Azcona no llevaba jamás un cuadernito para apuntar las ideas buenas y tal porque el tío decía que si una idea es buena no se te olvida. Yo eso me enteré después, pero yo funciono así. Tengo una idea, queda ahí, si un año después esa idea sigue brillando, pues considero que tiene interés y a lo mejor se van sumando pequeñas ideas y acaban desembocando en una forma que ya veo más o menos clara.

La idea original de Animal fue un día en el Parque del Retiro, allí hay un sitio que se llama La Isla, y allí estaba con una antigua pareja mía zampándome un bocata y yo veía a los patos que venían a ver si yo les echaba algo de comer y pensé ‘Joder. Estos hijos de puta el único problema que parecen tener es que yo les eche un trozo de pan, o no. No les preocupa nada. Viven con una placidez y una tranquilidad…‘ Y entonces me vino a la cabeza. Dije: ‘Pues qué gracioso sería‘, casi sentí envidia, ‘qué gracioso sería renunciar al estatus de ser humano‘. Y según lo pensé, dije ‘Ostia, esta idea…‘. Fíjate que en un principio no lo pensé ni siquiera como cómic, lo pensé como posicionamiento existencial. ‘Sería curioso‘, pensé, ‘Habría que ir a un abogado, habrá que enterarse‘. Pensé en la posibilidad de renunciar al estatus de ser humano (divagando, no es que lo fuera a llevar a término). Y entonces aquello me pareció fascinante. ‘Esta idea me gusta‘. Yo estaba trabajando en Hoy es Un Buen Día para Morir, me debían quedar dos años para terminarlo, y en esos dos años esa idea sobrevivió. Y sucedió una cosa muy curiosa, que es que hablando con amigos, me preguntaban qué estaba haciendo y les decía que estaba con Hoy es Un Buen Día para Morir y que para después tenía pensada una idea… Y les contaba un poco por encima: Un tipo que decide renunciar al estatus de ser humano… Y yo veía que ahí pasaba algo. Que todos los amigos, sin excepción, decían ‘Ah, bueno, pero es un tío que está loco, ¿no?‘ Y luego hacían un ratito de silencio, se quedaban pensando y decían ‘Bueno, claro, pero es que entonces…

Prous: Es algo que nos pasa a todos cuando la leemos.

Colo: Yo veía que tocaba algo que habría puertas., que no te podía dejar neutro. A continuación sí, me encontraba con gente que me decía que era un loco o que me decía que era genial. Esto toca algún nervio, no sé exactamente cuál es, pero toca algo que tiene que ver con un pilar de nuestra existencia. Y entonces la idea me pareció muy buena.

Luego a eso se sumaron un par de ideas más, como por ejemplo que fuera en formato documental, o sea, todo entrevistas, la mitad del cómic, a personajes. Y eso también me gustó, me pareció un riesgo, ‘¿se podrá hacer una historia de doscientas páginas cuya mitad sean planos cerrados de personajes hablando a cámara contando una chapa?‘. Y el reto me ponía. Ahí más o menos vi la forma y dije, ‘Pues a por ello‘. Así nació.

 

Colo

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Gonzalo Olmedo: Precisamente queríamos preguntarte por la estructura que tiene el cómic. Y es que la has dividido en dos, por así decirlo muy ampliamente, las entrevistas y luego las personas interactuando con él.

Colo: Exacto.

Gon: ¿En algún momento con esta estructura dudaste o quisiste cambiarla del todo? ¿O tenías muy claro desde el principio que iba a ser esta estructura?

Colo: La tenía desde el principio. Me vino a la cabeza la posibilidad de que el protagonista no dijera ni una palabra en toda la historia. Eso me gustó mucho porque me parecía una barbaridad, si es el prota tendrá… algo. Sólo emite un grito en toda la historia en una página que hay, primer plano del tipo que está gritando. Entonces me hacía mucha gracia que no dijera ni una palabra, que no tuviera nombre, porque en toda la historia no sale el nombre del tipo. Me tienta muchas veces hacer historias limítrofes, como diciendo ‘A ver hasta dónde puedo llegar‘. Hacer una historia así de larga con ese formato de entrevistas es rarísimo. Esa idea vino porque en un momento dado acaricié la posibilidad de hacer un falso documental. Tengo una buena amiga que se dedicaba a lo audiovisual y hablé con ella y le dije ‘Tía, tengo una idea‘ Se lo conté, y ella me dijo ‘Pues la idea es buena, pero yo me estoy desvinculando de lo audiovisual‘. Y entonces dije ‘Bueno, pues nada‘. Pero la idea del falso documental me gustó. Y dije, ‘Bueno, lo voy a intentar‘. Empecé y prácticamente no ha habido ningún cambio. A lo mejor alguno en el sentido de cambiar alguna escena de orden por temas de tensión, pero ha salido casi de la primera hasta la última, prácticamente, no ha habido accidentes. Ha fluido bastante bien. Creo que la podía haber hecho más larga. Podía haber sacado cien páginas más, pero también ha sido un ejercicio de meter tijera. Si tú te lees mi obra anterior (Hoy es Un Buen Día para Morir), ha sido una obra donde creo que he metido contenidos a cascoporro, he tratado de meter todo lo que no he podido y más. Y en animal quería hacer lo contrario. Eliminar todo lo que no me pareciera esencial. El nombre del personaje me lo cargo, los fondos y decorados… me lo cargo todo. Ha sido pasar del horror vacui a todo lo contrario, un desierto. Lo mínimo para que la historia funcione.

 

Animal

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Colo: He sido muy honesto en el sentido de que lo que he hecho es buscar abogados y proponerles la historia. El primero que consulté me dijo que no se podía. Le dije: ‘¿Por qué no se puede?‘ Y me dijo, ‘Porque hay derechos que son irrenunciables, como la dignidad, etcétera‘. Y pensé que si uno me decía que no, pues iba a hacer un episodio donde un abogado le diga que no. Transcribí exactamente lo que me dijo a mí el primer abogado. Luego, yo tengo un amigo que es abogado, un tipo que es espectacular, está como un cencerro. Es un genio loco de estos que no encaja en el mundo, que tiene la cabeza libre, que piensa libremente. Y pensé que este tío, una propuesta así tan demencial… Le llamé un día y le dije ‘Tengo una propuesta para ti‘. Además tenía una promesa con él. Yo suelo meter en mis cómics homenajes a los amigos, en grafitis de las paredes, a lo mejor en el fondo pongo los nombres de los colegas… Y éste hacía tiempo que me había dicho que quería salir en un cómic mío, en un grafiti o por ahí. Y le dije que le sacaría en un cómic como personaje y además con frase. Le dije, ‘Oye macho, si se diera esta circunstancia, que un tío se te presentara a ti diciendo que desea renunciar al estatus de ser humano, ¿qué harías?‘. Me dijo: ‘Déjame que me lo piense‘. Estuvo consultando sus libros, sus historias, y como un mes después me llamó y me dijo ‘Ya está. esto hay que hacerlo así, así y así‘.

En realidad lo que me interesaba de la historia es que tuviera una cierta base legal dentro de lo absurdo. Que cuando se leyera tuviera una cierta realidad. De hecho la historia, inicialmente, pensé en hacerla no como una fábula, pero como un cuento con un tipo de dibujo muy diferente, inspirado un poco en algunas historias que me fascinan. Y al final opté por el camino contrario, tirando casi de hiperrealismo. Que uno lea a los personajes, vea las situaciones, y diga ‘Esto puede ser. Yo conozco gente así. Yo pienso como este tío‘. Que no quedara muy lejos. Y creo que fue una buena decisión.

 

Gonzalo: Hay una cosa que me llama mucho la atención dentro de la estructura de las entrevistas que hay en el cómic. El color. Cada personaje tiene un color distinto. ¿Cómo se hace esta correspondencia? ¿Cómo surge?

Colo: No es muy consciente. En el tema del color suelo ser muy visceral. No lo pienso mucho con la cabeza. En un momento dado lo veo y me asoman unos tonos y me dejo guiar mucho por el instinto. Trabajo mucho desde las tripas. De hecho me llevé una sorpresa que me pareció curiosa que me di cuenta cuando estaba casi terminando. Y es que el primer personaje que habla no tenía fondo. Cuando lo dibujé no le dibujé fondo. Dibujé el segundo personaje y sí le metí un fondo y ya todos los personajes tienen un fondo. Un fondo, bueno, es una mancha, pero todos lo tienen. A lo mejor estaba a cuarenta páginas para acabar la historia y vi que el primero no tenía fondo. Entonces me pareció muy curioso terminar con el primer personaje también sin fondo. Porque me cerraba de alguna manera. Ese personaje, que es taurino, me cerraba.

 

Animal

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Prous: ¿Esa idea de meter los toros dentro del cómic de dónde sale?

Colo: Pues es que es Animal. Yo no soy taurino. Hay mucha gente que me lo ha preguntado. Y no. Mi padre era muy taurino, mi padre era un devorador de toros. Yo siento una cierta fascinación por el ritual de los toros. Entiendo que allí, más allá de lo que sucede, se mueven cosas. No es un tema que deje plano, es un ritual que tiene carga. Ahí está la muerte, ahí está el valor… Ahí pasan cosas. Está la belleza, suceden cosas. No sé si llamarlo arte, ya te digo que no soy taurino, habré ido a dos corridas en mi vida por curiosidad más que otra cosa, y no lo pasé bien. Pero es que me parece que los toros encajaban muy bien. Es una historia que transcurre en Madrid, yo soy muy español y en ese sentido me siento muy de aquí, y en España los toros son algo que desafía al época. No sé, me encajaba que hubiera por ahí esa presencia taurina. Que el tipo fuera dibujante y fuera a la corrida a dibujar a la gente, a los toros. Me hacía mucha gracia. Me pareció que podía sumar y ahí lo metí.

 

Gonzalo: Te íbamos a preguntar parta terminar por la duración del proceso. Es un tomo muy grande, son muchas páginas. ¿Cuánto tiempo te llevó?

Colo: Habrán sido unos dos años. No ha sido demasiado en realidad. Porque el anterior eran trescientas setenta y cinco páginas y fueron seis años y pico. Este ha sido bastante más cortito. Han sido dos añitos. Dos años y poco. Más luego algunos meses de repasar y ajustar. Pero no ha sido demasiado. Salió bastante fácil. También es verdad que la propia estructura de la historia (yo improviso, no escribo un guión) como era muy monolítica invitaba a dejarse llevar. ‘Ahora voy a sacar a la novia. ¿Qué información me interesa dar a estas alturas? Pues que está consultando abogados. ¿Y quién lo va a decir? Pues la novia. Ahí tengo que meter una morcillita donde diga que ha visto que está consultando abogados, que tenía una lista, que si se había metido en algún lío…‘ Conversaciones cotidianas. Ha sido bastante fluidillo. No ha habido atasco prácticamente. Y en las historias que yo hago, como las hago sin guión, siempre hay algún momento en que hay algún atasco. En que te quedas pensando ‘¿Y ahora?‘. Pero en esta no. En esta ha sido como ir invitando a gente a que se siente en una silla y cuente sus cosas. Les hacía una chuleta y les decía ‘Mira tienes que dar la información de que el tipo era dibujante‘, por ejemplo. El otro soltaba su charla y en algún momento decía ‘Sí, nos conocemos porque me hizo un dibujo. Fue mi novio…‘. Siempre había una parte de declaración de la intimidad del personaje en relación con el prota y luego la información para que la historia fuera avanzando. Ha sido un proceso curioso. Por eso te decía que lo podía haber alargado, me podía haber tirado cien páginas o doscientas más. Ahí te lías a invitar a gente y puedes sacar de todo.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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