«¡Es como si ya no fueras humana!«
Se completa, más o menos, el círculo y por fin vemos a lo lejos la meta a la que Jeff Lemire ha estado tratando de acercarse desde que comenzó su etapa al frente del Flash Absoluto que viene publicando desde hace casi un año Panini. Y es que, mientras que el Batman, la Wonder Woman e, incluso, la Green Lantern de este universo han estado ejerciendo cómo héroes casi desde el primer número de sus respectivas colecciones, al joven Wally West le ha costado un poquito más darse cuenta de la gran responsabilidad que conlleva ser el tipo más rápido del planeta Tierra en este universo. Por el camino, el guionista al cargo se ha encargado de ir destruyendo todo lo que sabíamos sobre lo que rodea al personaje haciendo que Grodd se convierta en su inseparable amigo, los Villanos en sus únicos aliados factibles y que Barry Allen muera en el primer número… para poder convertirse en una suerte de mentor fantasma del más allá.
Con todo esto, aún así Absolute Flash sólo se ha sentido lenta en alguna de sus primeras entregas y rápidamente ha ido cogiendo ritmo al tiempo que nos ha permitido profundizar en la nueva realidad de los personajes más cercanos al velocista. Esta serie, junto con la de Green Lantern de Al Ewing, puede que sea la que más cosas fundamentales de la mitología deceíta toca y, sin embargo y al contrario que aquella, ésta se siente más orgánica, más natural y con una historia más profunda y trabajada. Tras casi doce entregas me podría imaginar a cualquiera de sus personajes dando el salto al universo tradicional para verse las caras con sus contrapartidas All-In. Y esto ocurre porque todo este tiempo Lemire lo ha dedicado a hacer crecer a los personajes y al universo en el que van corriendo de un sitio para otro.
«Era brillante, pero su genio tuvo un precio«
Todo esto nos conduce a una de las series más ágiles y divertidas del Universo Absolute y la única de este universo en tratar con un protagonista menor de edad. Mola ver cómo Wally evoluciona de adolescente mosqueado a chaval con una misión y un objetivo sin más obstáculo que el dominio de sus propias habilidades. Me pregunto cómo irá DC a cerrar esta saga (aún nos quedan otros tres número de Wally y su oponente zurrándose a súper-velocidad) y qué continuidad tendrá la serie en los quioscos, pero lo cierto es que Lemire ha construido algo hecho para durar y funcionar más allá de esta cabecera. Olé por él.

Absolute Flash #11
Y todo ello sin haberos hablado de la gran revelación de la que somos testigos, sobre todo, en el Absolute Flash #11. Lo que Lemire se saca de la chistera en la última entrega que obra en nuestro poder cambia radicalmente las reglas que rigen este universo, conecta ligeramente con la serie de Al Ewing y plantea una serie de interrogantes que van a ser la mar de jugosos de ir desenredando de aquí a los próximos meses (si es que la editorial alarga la vida de la que iba a ser simplemente una miniserie al margen de las tres grandes cabeceras Absolute). Absolute Flash tiene, a mi parecer, un espíritu similar al de Absolute Green Lantern, pero sin la sensación de urgencia que desprende aquella a la hora de querer vendernos toneladas de nueva información. Así da gusto leer cómics.
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