El tercer tomo de la etapa que Marvel Saga de Panini Cómics está dedicando al viejo Logan de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino sigue la línea de los anteriores de revisitar algunos de los tropos y amenazas más icónicas a las que se ha enfrentado el mutante de las garras de adamantium, al tiempo que explora la relación de este con su pasado y futuro.
«¡Glifo! ¡Glifo! ¡No dejes que te muerdan!«
Cinco números (Old Man Logan #14-18) que componen dos aventuras completas que muestran la faceta más protectora del resiliente Lobezno. La primera de ellas, para sorpresa de todos, no viene firmada por Sorrentino, sino que el apartado artístico recae en Filipe Andrade (a quien en Marvel Comics ya hemos visto picotear en series como El Inmortal Hulk o Los 4 Fantásticos), que tiene por misión dar vida a un guion que enfrenta a nuestro héroe con el mismísimo Drácula.
El señor de los vampiros es una amenaza recurrente no ya en el entorno mutante, sino en la escena marvelita general (el último gran ejemplo lo encontramos en Caza Sangrienta), pero en este pequeño arco de dos entregas dicha amenaza toma un cariz más personal, pues Logan se alía con un grupo de héroes sobrenaturales (los Comandos Aulladores) para rescatar a Júbilo. Por aquel entonces la heroína, madre primeriza, formaba parte de las huestes vampíricas, aunque combatiendo siempre del lado de los buenos. El sueño de Xavier pesa más que la marca del vampiro.
¿Cómo cae entonces bajo el influjo de Drácula? ¿Y por qué motivo? Esas son las claves que desarrolla el guion de Lemire para, sobre todo, subrayar la profunda conexión entre ambos personajes. Que si bien no les unen lazos de sangre, siempre han mantenido una relación que podría asemejarse a la de un padre y su hija. O de mentor y pupila. Una relación muy similar a la mantenida con Kitty Pryde, otra de las que un día fueron alumnas con él como parte fundamental de la Patrulla-X.
«¿Qué narices ha pasado, Puck?«
La siguiente aventura, ya con Sorrentino de vuelta, alza la vista hasta las mismísimas estrellas, llevando a Logan a una misión de rescate que lo enfrentará al Nido y a ¿Kang? Aunque sea una lectura que se devora en un suspiro, os recomendamos que este segundo arco lo toméis con algo de calma, pues Lemire elabora un intrincado relato en el que se funden pensamientos y momentos en el tiempo.
Desconcertado casi como al inicio de esta nueva andadura, Logan solo puede fiarse de sus instintos. Unos instintos que le recuerdan que en el futuro que una vez fue su pasado hay un bebé que juró proteger y que dejó a su suerte. Sorrentino y Lemire nos recuerdan que en Los Baldíos quedó un bebé Hulk (nada menos que el nieto de Banner) sin su protección. Y este Lobezno que ha vivido tanto como para llegar a convertirse en todo un padrazo no puede evitar pensar que es responsabilidad suya… por más que dicho bebé este en un futuro que un día fue su pasado, pero que no tiene por qué hacerse realidad. Escrito así suena más complejo de lo que es, pero todo es posible con un personaje que a fuerza de voluntad ha sobrevivido a todo.
¿Lo próximo? El final de la etapa de Lemire y Sorrentino.


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