El final del camino. Toda la etapa de Jeff Lemire al frente del viejo Logan nos ha conducido a este punto, al momento en el que el veterano mutante abraza por fin sus fantasmas del pasado y aprende de nuevo a vivir. Panini Cómics concluye la publicación de la obra de Lemire en su línea Marvel Saga (en tapa blanda), que no las aventuras de Logan, a quien aún le quedan unas pocas batallas por librar. Pero esa es otra historia.
«Las cosas que me pasaron van a seguir pasándome»
Si queréis seguir nuestra recomendación, este cuarto tomo de la colección es el punto perfecto para cerrarla y acometer otras lecturas. Lemire lo deja todo atado y bien atado dejando a su personaje listo para mirar de frente al horizonte. Un horizonte que poco o nada tendrá que ver con el western crepuscular que hemos vivido hasta ahora. Al igual que la aventura fundacional del personaje, este viejo Logan que nos ha acompañado durante 24 capítulos (en numeración USA) es una obra de autor. Con todo lo bueno y malo que acarrea ello. Es decir, si no conectáis con Lemire (y con Andrea Sorrentino, quien lamentablemente no aparece en esta despedida y su lugar lo ocupan los también personales Filipe Andrade y Eric Nguyen) tampoco vais a hacerlo con este cómic.
Pero seamos honestos, si habéis llegado hasta aquí es que sí conectáis con Jeff Lemire y su reinterpretación de los mitos de Lobezno.
Y esto es justo lo que nos ofrece el guionista en su última aventura al frente del mutante de las garras de adamantium. Después de un largo tiempo buscando su sitio en un presente que no es su pasado, en el que todos sus antiguos amigos de la Patrulla-X están vivos y su vida en los baldíos no tendrá lugar, Logan sigue con una espinita clavada. ¿Cómo puede ser feliz con el sufrimiento y las personajes que dejó atrás? Así que hace un último intento de retornar a ese pasado/futuro que solo él vivió para arreglar las cosas.
Con esta premisa, Lemire (junto a los citados Andrade y Nguyen) hace un repaso acelerado por la historia del personaje, cubriendo muchos de los huecos que no revisionó con anterioridad durante su andadura. Así, asistimos al primer encuentro de Lobezno con Hulk, a sus días como Parche o a las infames instalaciones de Arma-X. Vidas pasadas, el título del tomo, toma una acepción literal a lo largo de la aventura con Logan reviviendo algunos de los hitos que han marcado su trayectoria editorial.
Si bien este viaje tiene truco, y Logan no tarda en descubrirlo, le permite reconectar con lo que perdió a lo largo de los años y, más importante, con aquello que significó. Porque si nos duele perder algo es porque nos importaba, ¿verdad? Después de tanto andar, Logan aprende a guardar no el sentimiento de pérdida, sino el amor y la felicidad de las que dicha pérdida es consecuencia. El viejo Logan aprende a atesorar lo vivido y no fustigarse por lo perdido.

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