De los acontecimientos de Imperial varios autores, todos ellos guiados por Jonathan Hickman, tuvieron la oportunidad de presentar diferentes ideas que dieron lugar a Imperial War #0 y que, de sus páginas, derivarían diferentes series. Un ambicioso plan para darle un nuevo impulso a la Marvel cósmica que se estrelló con la misma rapidez que con la que anunció su despegue. Ni Imperial supuso el gran terremoto que todos esperábamos, ni las series surgidas de su argumento han llegado al medio año de vida.
«Quiere ser rey. Me ha desafiado»
Una de estas aventuras de efímera vida es la que tiene a Hulka de protagonista y que firma Stephanie Phillips. Pero entre el cierre apresurado de la serie (reconvertida en miniserie) y que a Phillips le interesa bien poco el planteamiento inicial de la misma, todo se resume, como escribe el mismo Bruno Orive en su texto de cierre, en un «lo hizo un mago».
Y es que, de una parte, la autora obvia el elemento que justifica la presencia de Jennifer Walters en Sakaar en Nevo. Hulk le pidió que se quedara en el planeta mientras se dirimía la contienda de Imperial ejerciendo de regente de aquel mundo, es decir, como reina o gobernante (aplicad el término que prefiráis). A Phillips, como esto no le encajaba decidió omitirlo. Entonces, ¿qué hacía Hulka en Sakaar? Seguramente ni ella lo sepa. Es más, en un giro imprevisible, ni si quiera recuerda haber estado ahí. Del mismo modo que Sota de Corazones es su ex y en la página siguiente vuelve a ser su pareja. ¿Y qué pinta Sota en Sakaar? Lo hizo un mago.
A nivel de continuidad (tanto si venís de Imperial como de la entrañable serie de Hulka escrita por Rainbow Rowell), Planeta Hulka es una experiencia bastante frustrante. Si, por el contrario, nos tomamos la aventura como un relato al margen de trayectorias y contenido en sí mismo, si aceptamos que la magia es algo real una vez llegamos a la conclusión de la misma, resulta incluso divertida.
A la fuerza Jennifer se convierte en testigo y actriz de reparto en una historia que empieza con un asesinato y acaba prácticamente en una guerra civil. Las conspiraciones palaciegas toman en Sakaar En Nevo un cariz mucho más beligerante del que estamos acostumbrados en ficciones como Juego de Tronos. En este mundo de gladiadores la política y la espada son lo mismo y la justicia que impera es la del más fuerte. De ahí que Hulk terminase encajando tan bien y que a Hulka le cueste encontrar su sitio. De ahí que nunca sea la protagonista la historia, sino una herramienta al servicio de unos y otros. La guionista no profundiza en las tramas palaciegas, sino que simplemente nos muestra aquello de lo que Jennifer es testigo o que descubrirá más adelante.
Y este es uno de los aspectos que quedan lastrados con el cierre prematuro de la colección, porque es evidente que había bastante tela que cortar y los acontecimientos iban configurando a una Hulka que iba a situarse en el centro de la acción, pero estas intenciones solo las podremos leer en la biblioteca de los sueños que Lucien administra con esmero para Morfeo. Nos queda, pues, un vistazo a las diferentes facciones que dan forma al equilibrio de poderes en Sakaar En Nevo y unas cuantas secuencias de Hulka empuñando espadones más grandes que tú y que yo y que nos imaginamos a ritmo de metal.


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