Soldado de Invierno

Soldado de invierno. El invierno más largo: Desde las sombras

Soldado de InviernoTras varios (demasiados) años, vuelve a nuestras estanterías la serie que Ed Brubaker y Butch Guice dedicaron a Bucky Burnes (y Natasha Romanoff) cuando este colgó el manto de Capitán América (cuyo escudo había cogido tras los fatídicos sucesos de Civil War, pero esa es otra historia). Y aunque esta aventura surja precisamente de la colección en la que Bucky era el Capi, tanto el tono como las intenciones son muy diferentes, con lo que podemos adentrarnos en sus páginas sin esperar deudas con las historias precedentes.

 

«¿Es que no habéis aprendido nada?»

 

Brubaker abraza aquí el noir de súper espías que tan bien ha trabajado Marvel con clásicos como Conexión Escorpio (más pulp) o los Guerreros Secretos de un “indie” Jonathan Hickman (más thriller). El de Maryland apuesta por un camino intermedio en el que se juntan tramas oscuras de corte político y villanos que no son precisamente los más discretos de la clase.

 

Imaginad un cruce entre los James Bond de Roger Moore y Daniel Craig y tendréis al Soldado de Invierno de Brubaker. Solo así conjugan bien el Doctor Muerte, gorilas que usan mochilas cohete y “viejos” agentes que se creen en tiempos de la KGB y la Guerra Fría.

 

A este respecto el trabajo de Butch Guice y de Bettie Breitweiser (dibujo y color respectivamente) tiene mucho que decir. Hay una búsqueda de un estilo realista y unas sombras y contrastes densos que refuerzan la sensación de hostilidad, de que el peligro puede aparecer desde cualquier esquina y de violencia seca y cruenta. Un mundo que se mueve en los márgenes donde los héroes nunca quieren mirar.

 

Soldado de Invierno

 

Y este es justo el terreno en el que Bucky y Natasha mejor se desenvuelven. Sí, ambos han sido Vengadores (y ya sabéis lo que suelen decir estos: «una vez Vengador, siempre Vengador»), pero es desde las sombras, liberados de las cadenas de la burocracia, el ojo público y la altiva moralidad, desde donde saben que pueden marcar la diferencia; pues saben lo que significa mancharse las manos y conocen como nadie las sombras porque ellos mismos las han habitado. En este mundo de sombras, ambos personajes se complementan bien. Se conocen, se entienden y hacen de refugio del otro. Aspecto vital cuando incluso las victorias dejan secuelas.

 

Si queréis el mejor noir de espías, Brubaker nos lo da con su Soldado de Invierno. Por poner una pega, es una pena que Panini haya optado por publicar la serie en dos tomos en lugar de hacerlo en un solo volumen.

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