Supergirl: Cuerpo y alma

Supergirl. Cuerpo y alma: Sunnydale deceíta

Supergirl: Cuerpo y almaEn DC Comics es más o menos habitual que muchos de sus héroes y vigilantes sean intercambiables. En Marvel la máscara o la capa suele ser un elemento definitorio del personaje que la lleva. Hay contadísimas excepciones como Spiderman o Capitán América e incluso en esos casos solo uno de sus personajes es el «original», mientras que el otro es más conocido por su nombre civil. Así, tenemos a Spiderman y Miles Morales y Capitán América y Sam Wilson; y no a Peter Parker y Spiderman o Steve Rogers y Capitán América. En DC, como decimos, las identidades heroicas suelen ser más fluidas y no es raro que varios nombres compartan manto. Ahí están los seis linternas verdes terrícolas, los tres Flash… y entre tres y cinco Supergirls (depende de cómo hagamos las cuentas).

 

Con Kara Zor-El gozando del mayor pico de popularidad en toda su historia, película mediante (y hit contemporáneo de la mano de Tom King y Bilquis Evely), Panini Cómics recupera todo un clásico de finales del s.XX (y principios del s.XXI), una de esas historias que el paso del tiempo ha reconvertido en joya oculta y que presenta un inusitado viaje para nuestra heroína desde su mismo origen. Pero no hablamos de Kara, ni siquiera de una kriptoniana. Por no hablar, no hablamos ni de una Supergirl, sino de dos.

 

Peter David, autor de esta etapa (de la que Panini recoge sus primeros dos años de colección, de 1996 a 1998) crea una nueva Supergirl a partir de Matrix, personaje surgido en el ocaso de la etapa de John Byrne al frente de Superman y que se convertiría en la segunda Supergirl, y de una humana corriente llamada Linda Danvers cuyo nombre apela al alter ego usado por Kara en sus orígenes para esconder su origen entre los terrícolas. De la fusión -literal- de estos dos personajes surge la tercera Supergirl, que es la que nos ocupa en este tomo cuyo título, Cuerpo y alma, define con precisión el leitmotiv del comienzo de esta larga aventura (que se extendería hasta 2003).

 

Supergirl: Cuerpo y alma

 

El guionista aborda desde el principio la complejidad de un personaje que son dos. Cada una con su vida y su pasado, pero con un presente y un futuro único. Dos vidas convertidas en una en un instante. ¿Cómo se gestiona algo así? Esta es la cuestión central que vehicula buena parte del volumen. ¿Quién es Linda Danvers? ¿Y Matrix? ¿Dónde empieza una y acaba la otra? ¿Es humana o es otra cosa? Al margen de argumentos más utilitarios que se resuelven a medida que avanza la trama y Supergirl lidia con las diferentes amenazas que se cruzan en su vida, hay una cuestión de identidad, de encontrar su lugar en el mundo sin que ello suponga asumir deudas o renunciar a sí misma. Una cuestión que más que menos siempre ha sido una constante en la vida de cualquiera de las heroínas que han asumido el manto de Supergirl. Incluso de Power Girl, huérfana de mundo y de realidad.

 

David cambia el escenario y la protagonista, pero los grandes temas siguen presentes. Y eso que él mismo se lo pone difícil dándole una vuelta de tuerca sorprendente al entorno en el que se moverá su Supergirl. Cualquiera piensa en la franquicia supermanera y lo primero que se le viene a la cabeza son aventuras repletas de acción y con un componente cósmico importante. Aventuras de ciencia ficción fantástica como etiqueta dominante. Linda/Matrix, sin embargo, habitan en una pequeña localidad, Leesburg, que bien podría ser una suerte de Sunnydale deceíta. A favor de David, Buffy cazavampiros, la mítica serie de Joss Whedon no se estrenó hasta un año después, en 1997 (es cierto que la película original de Buffy es de 1992, pero no era más que el germen de lo que vendría después).

 

Supergirl: Cuerpo y alma

 

¿A qué se debe esta conexión? A que el componente predominante en la Supergirl de Peter David es el sobrenatural. La protagonista debe lidiar con demonios, posesiones, sectas satánicas, maldiciones de carácter mágico… Olvidad las amenazas de naturaleza sci-fi o los enemigos venidos del espacio. La cotidianidad de un aparentemente tranquilo pueblo estadounidense se ve atenazada desde lo esotérico. El planteamiento, más propio de otros rincones deceítas (Etrigan, Constantine, Zatanna incluso…) casa de manera muy orgánica con un personaje que, sobre el papel, tendría cierta alergia a la magia (no en vano, es una de las pocas debilidades de Superman).

 

Esta Supergirl respira un espíritu post-grunge en el que resulta imposible no imaginarse a Linda/Matrix escuchando bandas como Bush, Foo Fighters o Nickelback. Una rebeldía que sintoniza con la idea central de la serie, la reafirmación de su protagonista como una voz singular que quiere ser escuchada; y que a su vez posibilita un tipo de temáticas poco comunes en el cómic tipo de súper héroes. Así, se tratan asuntos como las drogas o los abusos. David, escudado en dirigir una serie alejada del foco de la trinidad deceíta, se permite jugar con tonos y enfoques oscuros y complejos, más cercanos a la libérrima Image Comics de la época que al mainstream heroico. Y 30 años después sus historias se siguen leyendo con el mismo entusiasmo de entonces.

 

Lo único que nos queda por saber es si Panini apostará por recopilar toda la etapa o hará como otras tantas veces y la dejará inconclusa.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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