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La visita: Terror sin fondo

Nada más significativo del paso del tiempo que echar la vista atrás para comprobar que M. Night Shyamalan ya no es el misterioso director que tanto impresionó a crítica y público. Su debut en el mundo del terror sobrecogió a tantas personas que elevó el género a un nuevo hito, con nominaciones a los premios de la Academia incluidos.

 

El sexto sentido (1999) descubrió a la joven promesa que tan sólo un año más tarde firmaría la que, a día de hoy, sigue siendo su obra maestra: El protegido. Después vinieron ejercicios maravillosos en los que la narración era clave mientras que una idea de profundo calaje hacía mella en unos personajes ciertamente ricos en enigmas, para acabar con uno de esos giros de guión que consiguió convertirse en la marca de la casa, su firma ineludible.

 

Escena de la película

La nieta

 

Eso hasta llegar a 2010 y su aburridísima adaptación de Airbender preparando a sus fans para lo que estaba por venir: una de las peores películas de ciencia ficción de los últimos años al servicio de la familia Smith. Cierto es que La joven del agua (2006) y El incidente (2008) denotaban una desgana apremiante, pero todavía podían englobarse dentro de ese realismo mágico tan peculiar del director.

 

Pues bien, llegado el 2015, el cambio de rumbo era ineludible y se podía apreciar las ganas del director por contentar a los pocos fans que le puedan quedar. Su debut en televisión (Wayward Pines) cosechó más expectación que resultados reales, pero aún así significó una mejoría. Lo que supuso un aperitivo de su vuelta en las salas al género que le dio los mejores momentos de su carrera.

 

La visita es cine de suspense en estado puro. No es especialmente ingeniosa y tampoco busca deslumbrar al espectador con grandes hallazgos nunca vistos. Es más, se nota demasiado la mano de Jason Blum produciendo (es imposible no acordarse de Paranormal Activity y sucedáneos una y otra vez). Las concesiones que ha tenido que hacer el director para volver por sus fueros son demasiado llamativas como para pasar desapercibidas. Sin embargo, algo sigue quedando de ese estilo tan particular: un sentido del humor característico bien definido, alguna que otra secuencia de puro suspense jugando al gato y al ratón entremezclando el clasicismo con las maneras de Blumhouse, y el esperadísimo giro del tercer acto que, si bien deja descolocado, no es ni tan enrevesado ni tan emocionante como la confesión de Samuel L. Jackson o William Hurt en El bosque(2004).

 

Escena de la película

El abuelo

 

Y es que este film, que une a dos grandes nombres de la escena de terror de la última década, sería una película notable de no estar precisamente firmada por el tándem Shyamalan-Blum. Más al primero que al segundo, es necesario exigirle en consonancia con su filmografía y que entregue cuentos maravillosos teñidos de suspense pero poblados de imágenes icónicas y la rutinaria pero efectiva música de James Newton Howard.

 

Esta visita familiar está decididamente dirigida a un público que todavía se sorprenda con el falso documental y las apariciones repentinas ante una cámara escondida, pero todo aquel que tenga sentido del humor y ganas de indultar a Shyamalan también verá satisfechas sus aspiraciones.

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