Sully

Sully: El peso de la responsabilidad

Clint Eastwood sigue imparable. Igual que su “american style”, ese que supura en todas sus películas. Ya se sabe que es alguien sin reparos en convertir sus películas en discursos dedicados a héroes, como en el último caso. En Sully, Eastwood se centra en la vida de Chesley Sullenberger, el piloto que salvó al vida de los 155 pasajeros de aquel de enero de 2009, el 1549, amerizando el avión sobre el río Hudson (ante la imposibilidad de llegar a un aeropuerto).

 

Aaron Eckhart y Tom Hanks

 

Clint no se centra en lo espectacular de la hazaña, aunque en su trama hay espacio para mostrar el aspecto trágico de aquel incidente. El cineasta va hacia el aspecto humano de la heroicidad, de alguien anónimo que no se ve como un salvador y ejemplo nacional, sino como alguien que cumplió con su deber. Y hace bien en no caer en el discurso lineal, y con esta sencilla sencilla historia realiza algo más disfrutable. Además es un buen acierto no alargar demasiado la trama. Con hora y media es suficiente para mostrar este hecho.

 

Para mostrar el lado humano, el peso de la responsabilidad recae en Tom Hanks. El actor de Inferno pasa ahora a retratar a un héroe menos dramático que su Robert Langdon: ahora es alguien real, un tipo de clase media con una familia, pero que en cuestión de segundos tuvo que reaccionar y saltarse las reglas para no acabar en tragedia. Porque claro, ahí están las aseguradoras, el sindicato, la política y la sociedad para reaccionar y juzgar a la persona en cuestión que hizo algo. Y Sully -Hanks- aguanta el tipo de la forma más verosímil, y acorde con la cinta: sin florituras, con dureza pero de la manera más real. La introspectiva del personaje es el núcleo de la película: la pesadumbre que lleva encima queda clara en forma de fatídicas pesadillas.

 

Sully no contiene en sus formas puntos negativos. El problema que le pesa viene de sus entrañas: el aroma a telefilme que contiene, el excesivo miramiento al héroe americano. En esta línea patria, el cineasta hace bien por la labor de levantar el ánimo a la sociedad estadounidense, por recalcar una historia con accidente de avión con final feliz tras el 11S. Por otro lado, los pasajes que revisan su vida familiar (donde Laura Linney se encarga de la esposa del comandante) juegan en su contra.

 

Y aunque aquí no sea su cometido, hay que mirar la hazaña como algo más universal. Eso sí, los diversos enfoques que muestra Eastwood engrandecen la obra. El cúmulo de los puntos de vista para poner al público en situación: la presión del comandante y el copiloto (muy bien defendido por Aaron Eckhart), el sufrimiento de los pasajeros y la incertidumbre de los técnicos de la torre de control. Porque detrás de todos los aspectos burocráticos y expedientes abiertos, esta es una historia de personas. De una en cuestión.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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