El francotirador

El francotirador: Héroes americanos

Banderas de nuestros padres (2006), J. Edgar (2011), Jersey Boys (2014)… en los últimos años el Clint Eastwood director se ha decantado principalmente por abordar relatos con un claro carácter histórico; ya fuera creando una ficción a partir de un hecho verídico (El Intercambio [2008]), narrando un acontecimiento real (Invictus [2009]), o centrando su atención en la vida de un personaje icónico de la historia reciente norteamericana como Chris Kyle, el protagonista de El francotirador (2014). Un vistazo rápido por su filmografía de los últimos ocho años resume buena parte del siglo XX (y lo que llevamos del XXI) estadounidense y, por ende, occidental.

 

Bradley Cooper y Jake McDormand

 

Con El francotirador, sin embargo, a diferencia de lo que ocurriera con sus dos filmes más recientes, J. Edgar y Jersey Boys, el cineasta no utiliza a sus personajes para explorar los cambios acaecidos en la realidad del país a lo largo de varias décadas, sino que concentra toda su atención en el protagonista. Una decisión que se presenta obvia por dos motivos: el marco temporal en el que se aglutina el grueso de la acción (14 años la que nos ocupa por las largas décadas de las otras, cinco en el caso del que fuera director del FBI), y la fuente original (para ésta el director ha acudido al libro autobiográfico del malogrado exmilitar).

 

De este segundo aspecto es de donde se desprende la apariencia de exacerbado patriotismo del film que tanto ha ayudado en su carrera comercial en los EEUU y que ha soliviantado a determinados sectores de la crítica internacional. Es evidente que ese cierto regusto panfletario exaltando la figura heroica de los SEAL está presente; pero por una simple razón: Eastwood está trasladando la visión de Chris Kyle y su experiencia como miembro de la citada fuerza de operaciones especiales. Una actitud crítica no tendría sentido ni justificación según los códigos en los que se mueve el relato. Del mismo modo que no existe una carga política acerca de la guerra de Irak, no da a lugar. Chris Kyle es la fuente y vehículo de la historia.

 

Sienna Miller y Bradley Cooper

 

Y aún con ese condicionante, Clint Eastwood y su guionista Jason Hall logran ofrecer un discurso bastante imparcial acerca de la experiencia de la guerra, contraponiendo la visión inicial de Kyle, leal hasta el extremo a su misión (proteger a los suyos de los “malos” al precio que sea), con la de quienes le rodean (su esposa, hermano, compañeros más allegados…) dubitativos, hastiados, e incluso contrarios, tanto a la experiencia de la contienda en sí (caso de su hermano Jeff), como a su utilidad y razón de ser (expresado por boca de los personajes de Sienna Miller y Jake McDormand).

 

El propio Chris Kyle (en una notable interpretación por parte de Bradley Cooper… a pesar de los bebés de plástico con los que ha de interactuar) muestra una evolución –que es la que vertebra el relato– en la que sus férreas convicciones se van resquebrajando poquito a poco a lo largo de las cuatro campañas en las que es desplegado a tierras iraquíes. La historia gira por entero en torno a su figura presentando dos escenarios principales: el doméstico, con su mujer y sus hijos, y el militar. A través del choque entre ambos surgen las primeras dudas en el personaje y se inicia una especie de proceso de redención en el mismo.

 

Bradley Cooper

 

Un proceso que, por otra parte, no termina de explotarse del todo bien. Mientras que en la primera parte del film los dos escenarios citados tienen una presencia bastante equilibrada, en la segunda (a partir de su tercera campaña militar), justo cuando el cambio en el protagonista empieza a ser apreciable y llega a su momento crítico, la película se decanta por potenciar el territorio bélico, dando lugar a algunas de las escenas más espectaculares de la misma (como la batalla en medio de la tormenta de arena), pero relegando a retazos el drama familiar.

 

En consecuencia se echa en falta una mayor profundidad en las relaciones íntimas de Chris Kyle con su esposa y en el conflicto surgido a raíz de la siempre traumática fase de “descompresión”, de vuelta a la rutina tras la experiencia de una guerra. Aspectos que se apuntan, ciertamente, y dejan entrever la complejidad del trabajo actoral que ha llevado a cabo Bradley Cooper, pero que no terminan de tener una presencia satisfactoria; culpa del excesivo celo en conformar una imagen honesta de su protagonista [a quien con cierta sorna se asocia a Punisher] sin desmitificar del todo la de los SEAL. El principal efecto colateral de esto es un nuevo chasco para quienes esperasen disfrutar de una interpretación de enjundia de la británica Sienna Miller, quien apuntaba a que 2015 sería un excelente año. A su participación testimonial en Foxcatcher (Bennett Miller, 2014), suma un florero en El francotirador. Dos buenos créditos para su vuelta a la primera línea, pero que no le han servido para reivindicar sus dotes actorales.

 

Sienna Miller

 

En resumen, un ejercicio muy bien plantado técnicamente, con especial mención a su sonido y edición, que narrativamente decide no mojarse ideológicamente (sin renunciar por ello a la crudeza de sus imágenes) para construir una suerte de elegía hacia un hombre corriente convertido en héroe para los suyos.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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