El azul es un color cálido

El azul es un color cálido: Simplemente amor

El azul es un color cálidoAhora que su adaptación (o versión) cinematográfica la ha devuelto a la actualidad, más por la polémica que por sus cualidades (que las tiene, y muchas), es una excelente oportunidad para redescubrir El azul es un color cálido, obra con la que la francesa Julie Maroh se dio a conocer en 2009 y por la que ha obtenido el reconocimiento tanto en público como en galardones.

 

«El amor no siempre coincide con la moral que nos enseñan»

 

Las dos (esta que nos ocupa y la obra de Abdel Kechiche (La Vida de Adèle, 2013) son historias de descubrimiento, el viaje que hace una adolescente que sale de su burbuja y ve el mundo como realmente es. La primera es sobre la aceptación de uno mismo mientras que en la segunda se hace hincapié en el aprendizaje. Son dos enfoques complementarios que realzan el valor de una y otra versión. Por tanto, es un error pensar que se excluyen mutuamente, o que una es mejor que la otra. Clementine (o Adèle en el cine) es tan rica, tiene tanto que decir, que de ambos acercamientos a su personaje se pueden sacar interesantes lecturas.

 

El azul es un color cálido está narrado a modo de flashback. Comienza con Emma leyendo los diarios de Clementine, unos diarios en los que esta relata su historia de amor, desde ese primer encuentro casual que derrumbó su mundo y le hizo sentir cosas que nunca habría imaginado, al amargo final de su relación. Todo contado con una dulzura y una emotividad ante la que es difícil que alguien quede indiferente. Clementine y su historia se nos agarran al corazón y no nos sueltan aún cuando hemos terminado la lectura. Como las grandes historias de amor, nos deja un poso agridulce, sí, pero cargado de gratitud hacia lo que hemos leído. Maroh, como hiciera por ejemplo Ang Lee en Brokeback Mountain (2005), nos habla del amor con mayúsculas; los sentimientos están por encima de cualquier otra cosa. Y ahí es donde radica su principal atractivo y la fuerza de su discurso reivindicativo.

 

«Solo el amor puede salvar este mundo, ¿por qué debería avergonzarme amar?»

 

A lo largo de la historia Clementine tiene que lidiar con los sentimientos que florecen en ella hacia Emma. Para ella, como para una triste mayoría, lo normal, lo correcto, es sentir amor hacia una persona del sexo opuesto. Que revoloteen mariposas en el estómago al pensar en otra chica es impensable, tiene que estar mal. Esa lucha interna que mantienen sus emociones y sus prejuicios son una constante, reflejada a nivel visual en una paleta coloreada en base a tonos grises, con el azul como un color verdaderamente cálido que destaca los anhelos y emociones de la protagonista. Además, como toda lucha interna, esta viene ya condicionada por como se comporta su entorno. Al final todo es una cuestión de educación.

 

Es innegable que El azul es un color cálido tiene un fuerte componente reivindicativo, pero también lo es el hecho de que a la autora le mueve más la emoción que la sexualidad. De ahí que cobre especial relevancia una frase que Emma le dice a la madre de su amada: «… Clem también se habría enamorado de mí si yo hubiera sido un chico«. Hombre o mujeres, lo que nos dice el libro es que tenemos que dar rienda suelta a nuestro amor, pues la vida es demasiado corta.

 

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