Batman: Espejo Oscuro

Batman. Espejo Oscuro. El futuro en el pasado

Batman: Espejo Oscuro

¿Qué define lo que somos?

 

¿Son nuestros orígenes? ¿Los designios del destino? ¿O acaso somos el resultado de nuestras decisiones y nuestra historia? Con este complejo punto de partida Scott Snyder desembarcó en Detective Comics dispuesto a relanzar al héroe de Gotham a las más altas cotas de popularidad de las últimas décadas (sus dos últimas sagas han trinunfado tanto de cara a la crítica como en ventas) poco antes de que Flashpoint redibujara el panorama del Universo DC.

 

Pongámonos en situación: Bruce Wayne acababa de volver de entre los muertos tras la sensacional y barroca El Regreso de Bruce Wayne, pero este retorno no significó la inmediata reincorporación del personaje a las responsabilidades tras la capa del Caballero Oscuro (Wayne se dedicó en cuerpo y alma a la creación de lo que vendría a llamarse como Batman Inc.) Esto dejó a Dick Grayson en la incómoda situación de mantener la capa del cruzado con una fecha de caducidad claramente marcada en la solapa, pero sin la certeza absoluta de qué sucedería con él tras la vuelta a la acción del Batman original.

 

Así, en el primer arco de Snyder al frente de la colección nos encontramos con un Dick notablemente más serio y con la pesada carga de un disfraz que nunca llegó a desear de corazón pendiendo de sus hombros al tiempo que trata, sin éxito, de dotar de cierta estabilidad a su itinerante vida, en la que no hay espacio para los souvenirs o los recuerdos de tiempos más luminosos.

 

La primera de las dos historias contenidas en este especial de ECC nos habla, precisamente, de una red de distribución ilegal de antiguas armas y artilugios de la variada fauna que conforman los villanos del Hombre Murciélago. Este caso, de escasa repercusión, fue un mero vehículo para que Snyder explorase el rico pasado del personaje que acababa de heredar y para que, a través de él, se atreviera a dar las claves del futuro del eterno compañero de Bruce Wayne, siempre hablando de estabilidad, pero «con un pie en la ventana«, como bien le retrata Barbara «Oráculo» Gordon.

 

Es la contraposición de esta aventura detectivesca de corte clásico (aunque de tintes tan profundos como los que acabamos de ver) con el segundo arco que incluye este álbum lo que, en el fondo, nos puede servir para denominar al todo un Espejo Oscuro.

 

Batman: Espejo Oscuro

 

Mientras Grayson se enfrenta a fantasmas del pasado de su predecesor desde esa perspectiva suya tan distinta de la de Wayne (y que tan bien hemos visto plasmada en la colección de Nightwing) el comisario Gordon se enfrenta a los suyos propios en una sucesión de tres capítulos que borran cualquier ratro de buen «feeling» que nos haya podido dejar la primera parte del recopilatorio y lo sustituyen por una innegable inquietud ante el retorno del siniestro y ambiguo hijo de James. Esta historia fue toda una declaración de intenciones por parte del autor, que dejó bien claro la Gotham oscura y despiadada en la que pretendía que se desarrollasen las futuras aventuras del personaje creado por Bob Kane.

 

Esto se traduce en una de cal y otra de arena. Todo el crecimiento personal y grupal dentro de la bat-familia ha enfrentado desde entonces su cara más indómita y en constante evolución a su lado oscuro y tenebroso, capaz de aislar al héroe de la ciudad a la que protege y de apuñalar el corazón de los hermanos y hermanas de armas. El resultado han sido sagas tan apabullantes como La Noche de los Búhos y La Muerte de la Familia, historias que han puesto en pie a los lectores y que han llegado a DC con la firme intención de perdurar en la memoria colectiva.

 

Para rematar la jugada, Snyder se rodeó de dos gigantes de la ilustración contemporánea como pueden ser Jock (del que hablaremos próximamente por La Instantánea) y Francesco Francavilla (Scalped, American Vampire). Francisco Calderón nos aseguró hace ya más de medio año que el Batman de Scott Snyder se reeditaría. Ha cumplido con su palabra y ha merecido la pena la espera.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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