Crows #17

Crows #17-19: Muerte y resurrección

Crows #17«¡Pero ya no sois el trío al que admiraba!«

 

Tres más y seguimos para bingo. La genial colección de Hiroshi Takahashi se encamina a la recta final de su publicación con una nueva terna de tomos que dan por finalizada la nueva saga de los rookies y se adentran en una nueva aventura de nuestros delincuentes juveniles favoritos a toda prisa. Los tomos #17-19 de Crows condensan el sentir de la humanidad de finales de los 90, que esperaba un buen puñado de cosas del nuevo siglo que se les venía encima y que, sin embargo, se dio en las narices con una de las décadas más insulsas en lo cultural de la Historia.

 

Llega con estos nuevos tomos también mi primera crítica negativa de peso en esta serie. Y es que no todos los arcos argumentales de este manga podían llenarme por igual, pero en estos tres tomos se nos cuenta por primera vez una historia vacía que, lejos de despertar nuestro interés, lo ahoga por medio de una tonelada de nombres nuevos que, sin embargo, se van diluyendo conforme avanzan las páginas del cómic. Quién sabe si no retomará esta historia Takahashi más adelante, pero a mí no me han quedado muchas ganas de leerla.

 

«¿Y así? ¿Creéis que colará?«

 

Me refiero a la saga de los nuevos alumnos de primero. El guionista venía rumiando desde varios tomos atrás el tema del paso del tiempo y el relevo generacional (la graduación de Bandoh y Rindaman, la nueva generación de los Bitoh…) y ahora plasma todo lo antes expuesto en un arco que analiza a los nuevos alumnos de la Suzuran, que necesitan hacerse su propio nombre e, incluso, se disputan el honor de enfrentarse a Bouya por un puesto en la élite de la delincuencia juvenil japonesa.

 

Crows #17

Crows #17

 

El problema es que estos nuevos chicos no tienen el carisma de los antiguos. Los tres que destacan entre ellos resultan ser una versión adolescente de Bandoh (Kato), un antiguo admirador de Honjou (Gunji) y el esbirro de Bouya en la escuela intermedia (Zetton). De ellos Kato es el que más hace por diferenciar su carácter, pero tanta agresividad hace que nos saturemos pronto de él, Zetton es divertido, sí, pero como secundario. Su inexpresividad impide que nadie se ponga en su lugar. Sólo Gunji, con su moderación, parece aguantar la prueba de la saga que pivota en ellos, pero su rol es tan parecido al de Kirishima que queda pronto claro que él tampoco puede ser un nuevo Harumichi en potencia. Con todo esto, la saga que estaba llamada a servir de puente entre la vieja y la nueva guardia se queda en yn largo prólogo de algo que nunca llega, imagino que porque las ventas se resentirían. Al final de arco el autor se limita a aventurar que esto queda abierto para tiempos futuros que quién sabe cuándo llegarán, echando rápido el cierre a una muy poco afortunada saga y a otra cosa mariposa.

 

«¿¡¡ Y qué es eso de ‘Parko and’ joder!!?«

 

Una vez salvado el bache llegamos a una historia más parecida a lo que el cómic nos ha estado ofreciendo hasta el momento y, justamente por eso, mucho más divertida. Takahashi se resiste a hacer de Harumichi el protagonista a tiempo completo (como pueda pasar en otros shonen actuales como Bleach), pero lo cierto es que con él en primera línea la historia gana enteros, aunque el chaval no pueda luchar por razones tan peregrinas como la ingesta de leche en mal estado (quienes hayan leído Naruto habrán enarcado una ceja, y con razón).

 

Crows #19

Crows #19

 

Esta nueva historia, que lleva a los chicos a la costa y los enfrenta a una nueva y misteriosa banda, introduce por primera vez de manera directa el tema de la yakuza. La mafia japonesa es, para muchos de estos chavales, el siguiente paso lógico en su espiral de violencia y aquí el autor decide reflexionar sobre lo que cada uno de nuestros protagonistas espera de la vida una vez estos ‘buenos años’ hayan pasado. Quizás molaría leer las aventuras de esta gente más allá de la escuela, o quizás eso rompería la magia de este cómic, pero lo cierto es que la pregunta está ahí y con lo poquito que nos queda de colección no está de más comenzar a pensar en ello.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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