Dial H Fin

Dial H. Fin: Demos gracias

DIal H Fin«¡Golpe defenestración!«

 

Brutal. Divertida. Diferente. Psicodélica. Atrevida. Cuando pienso en la Dial H de China Miéville se me agolpan los adjetivos en la cabeza, pero por encima de todos ellos queda la certeza de que la experiencia de cederle una serie al escritor plagado de tattoos y piercings que ganó el Premio Hugo en 2010 por La Ciudad y la Ciudad ha sido simplemente genial. Miéville ha creado una serie muy difícil de catalogar, plagada de humor y contradicciones, imposible de predecir e inmensamente creativa. Dial H ha sido un regalo y desde aquí la recomiendo encarecidamente, sus tres tomos son uno de los mayores aciertos con los que ECC cuenta en su catálogo.

 

Su publicación, a lo largo de un año (de agosto de 2013 a septiembre de 2014) nos ha llevado a través del espacio, del tiempo y las dimensiones en el orondo y maltratado cuerpo de Nelson Jent, un personaje cuyo viaje y cuya evolución están aún por ver (¡¡¡y la serie ya está finiquitada!!!), pero que ha conseguido hacerse un hueco en nuestros corazones precisamente por su patetismo y su resistencia al cambio. Nelson comenzó la historia siendo un perdedor y conforme ésta ha ido avanzando hemos ido viendo como, pese a que el tío disfruta de lo lindo viajando y tomando poderes prestados, llega a ‘añorar’ su sencilla vida de Don Nadie. Las aventuras que vive y el lugar hacia donde le conducen en este número le vienen demasiado grandes a esta versión humana de Shrek y lo único que le hace seguir adelante y comportarse como un héroe es la inspiración y el empuje que encuentra en quienes lo acompañan.

 

«Estaba preparado para hacer lo que tenía que hacer«

 

Pese a todo se nota, para mal, que a Miéville le han metido prisa para ponerle punto y final a su colección. Dial H: Fin se desarrolla a un ritmo demasiado rápido y quedan quizás demasiadas cosas sin explicar ni explotar debidamente por la necesidad impuesta por DC para terminar la serie en 15+1 números. Una pena porque por lo demás la serie es perfecta y en este último número lleva la locura a cotas hasta ahora inalcanzables presentando a una galería de héroes y villanos desternillante y dramática a partes iguales.

 

Dial H Fin

Dial H: Fin

 

Dial H: Fin lleva el enfrentamiento entre Nelson, Manteau y el Ciempiés a un nivel superior y despeja gran parte de los misterios que siempre han rodeado a los diales, pero se resiste a proponernos un cierre completo de la serie. ¿Por qué? Bueno, quizás sea parte del encanto de Miéville, pero también es (o es que yo quiero que sea) una invitación a que alguien, quien sea, puede que él mismo, recoja el testigo y se sumerja en el absurdo y maravilloso mundo que el guionista ha creado alrededor de estos personajes.

 

«Sabes que esto no es el fin«

 

Además, Miéville se une a autores como Fialkov para demostrar que se pueden hacer cómics muy diferentes que, además, queden integrados dentro de la continuidad de las grandes líneas editoriales. Tanto este cómic como el de Yo, Vampiro han roto moldes y han buscado nuevas formas de expresarse sin necesidad de crear un universo separado del de los demás héroes. A Andrew le vimos luchar contra otros vampiros en Gotham y a Nelson le hemos visto ser Flash durante un único y fugaz (perdón por el chiste) capítulo. No hace falta huir a las editoriales independientes (como pregonaba Paul Jenkins cuando sacó Deathmatch) para vender un producto distinto. Hacen falta buenas ideas y alguien con la suficiente visión como para creer en ellas.

 

Dial H Fin

Dial H: Fin

 

Dial H llega a su final, pero nos deja con tres tomos únicos, irremplazables y disfrutables desde la primera hasta la última página. Hemos de dar gracias a DC por darle esta oportunidad a un escritor de la talla de China Miéville y hemos de agradecer también a Alberto Ponticelli por su extraordinario trabajo a la hora de ilustrar esta locura hecha cómic. Pero sobretodo y ante todo, hemos de aplaudir a uno de los grandes de la ficción contemporánea por prestar su talento y su imaginación al mundo de los cómics, por ayudarlo en definitiva, a seguir madurando y adaptándose al futuro que ya es ayer.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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