Los leones de Bagdad

Los leones de Bagdad: Mucho ladrar y poco morder

Los leones de BagdadECC Ediciones recupera, dentro de la línea Black Label de DC Comics (en la que, recordamos, caben tanto títulos icónicos de la línea superheroica, como de la extinta Vértigo y obras creadas ex profeso para este sello), Los leones de Bagdad, una fábula que coge un hecho real (la huida y muerte de unos leones del zoo de la ciudad a causa del estallido de la guerra de Irak en 2003) para darnos «lecciones» sobre el conflicto que sirve de contexto (sin conocerlo).

 

«A caballo regalado no le mires el diente, cómetelo«

 

No podemos olvidar que Brian K. Vaughan es un escritor norteamericano y su visión está tremendamente condicionada por las circunstancias de su país. Desde esta perspectiva puede entenderse la condescendencia hacia los responsables de la guerra (la administración Bush, inventándose que Irak escondía armas de destrucción masiva) y la imagen bucólica (más allá de la tragedia personal de una de las protagonistas) de «los viejos tiempos», en los que, desde los años de entreguerras fueron sucediéndose las guerras y golpes de estado (algunos auspiciados por potencias como Gran Bretaña, la Alemania nazi o, de nuevo, EEUU).

 

Teniendo esto presente, en términos históricos, hay que tomarse el relato con algunas reservas, pues su discurso resulta parcial y muy subjetivo. El retrato que hace Vaughan del conflicto y las diferentes posiciones entre la población resulta excesivamente superficial. Así pues, para disfrutar de verdad de Los leones de Bagdad y valorar sus cualidades (que las tiene) hay que abstraerse por completo del conflicto (muy complejo) al que referencia. Si nos tomamos la obra como lo que es, una ficción, y nos imaginamos que transcurre en un lugar indeterminado en el que explorar el drama de las víctimas (que es lo realmente importante) sin ser juez y parte, podremos disfrutar del potencial del relato.

 

En momentos puntuales Vaughan es capaz de mostrar la crudeza y dureza de la guerra, así como las dudas y miedos de quienes se encuentran en medio de la tragedia sin comprender qué está pasando. Pero son eso, momentos puntuales. La historia es muy entretenida y el trabajo de Niko Henrichon al dibujo es soberbio, pero la historia (por enfoque e ideología) no termina de ser esa gran crítica y reflexión sobre el sinsentido de la guerra que podría haber sido.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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