Panini Cómics recupera, dentro de su línea Marvel Premiere, una de las últimas reinterpretaciones del universo Marvel llevadas a cabo por uno de sus arquitectos predilectos en los últimos años. Hablamos de D.I.O.S.E.S. y de Jonathan Hickman, que construye un nuevo tablero de juego para los mundos mágicos marvelitas en el que viejos conceptos y renovadas ideas se combinan para resignificar la estructura invisible (y mágica) del Universo Marvel. Pensad, por ejemplo, en la labor de Al Ewing a través de sus Defensores junto a Javier Rodríguez; en cómo dieron forma a la naturaleza cíclica del universo. D.I.O.S.E.S. juega también a escribir los fundamentos del mismo.
«Mi vida… Un lienzo de milenios…«
Al menos es (o debería haber sido) así sobre el papel. Cuestiones editoriales que nunca lograremos dilucidar al menos que el propio guionista las saque a la luz en un futuro incierto, D.I.O.S.E.S. no logra despuntar como la obra fundacional que pretendía ser para las cuestiones mágicas y queda como una estimable aventura en torno al sacrificio y al amor. Detrás de esa imagen de erudito y de escritor denso y meticuloso, Hickman se revela como un guionista tremendamente humanista y emocional. Y en estos términos D.I.O.S.E.S. es una lectura muy disfrutable, pero siempre quedará la duda en torno a cuáles eran sus verdaderos planes (o si hubo otros planes).
La realidad, sin embargo, es la que manda. Y entre ambiciones (o deseo) y hechos, debemos quedarnos con estos últimos. En este sentido, insistimos, D.I.O.S.E.S. es una estimable obra que gana poso en segundas y terceras lecturas. Sobre todo cuando abordamos los primeros capítulos, plagados de guiños y conceptos dispuestos para la creación del mundo. Hickman va de lo general a lo concreto, de las arriesgadas misiones en pos de salvar al mundo a las decisiones personales que cambian nuestro mundo. Así, lo que en un principio puede sobrepasar, luego toma un cariz concreto e íntimo. Por ello, aunque resulte contra natura para los cánones marvelitas (aunque podríamos extrapolarlo al género en su concepción más mainstream), D.I.O.S.E.S. conviene degustarla en dos fases y -más importante- de manera calmada, luchando contra la tentación que siempre ofrecen los ritmos frenéticos del cómic de súper héroes.
Aunque claro, apelamos al concepto de súper héroe con relativa ligereza. Salvo por Doctor Extraño como secundario recurrente en el primer tercio de la obra y la subtrama que le compete, D.I.O.S.E.S. tiene poco de relato sobre la lucha entre buenos y malos y tiene mucho de lo comentado antes: sacrificio y amor. Este es un viaje personal en torno a las elecciones tomadas y el precio de las mismas. Cada elección supone una renuncia por sí misma y equivale a un precio imposible de fraccionar o evitar.
Así, cuanto más profundizamos en D.I.O.S.E.S. somos más conscientes de su peculiar naturaleza, de la rara avis que supone dentro del cosmos marvelita (por irónico que resulte al engarzar sus raíces en el mismo cosmos) y lo mucho que tiene que ver con aquel primer Hickman de la escena independiente que volaba libre.

Deja un comentario: