«¿Qué? ¿Yo no tengo uno de esos apodos chulos?«
Me pasa con la serie de Chris Condon que la he visto nacer en el mismo momento en que me enteré de que iba a morir y eso, quizás, ha condicionado un tanto mi modo de observarla, añadiendo un par de capas extra de pesimismo en torno a las apuestas que hace el guionista de Ultimate Wolverine. También juega en su contra que los mutantes del universo tradicional estén a la vez inmersos en su propia historia distópica en la que cada personaje cambia un tanto su papel en aras a homenajear la ya veterana Era de Apocalipsis. El cacao que esto crea en mi ya limitado cerebro hace que termine confundiendo personajes, poderes, alineamientos y demás monsergas y esto, en el fondo, tampoco es culpa de la serie que Panini está publicando en estos simpáticos tomitos.
Sin embargo, lo que sí creo que sea responsabilidad del guionista de esta cabecera es el hecho de que, al escribir una serie finita, se ha propuesto que al final de la misma queden tantos personajes como rascacielos hay en mi pueblo. Así, los dos números que nos ocupan hoy se convierten en una interminable sucesión de batallas y aliados perdidos a los que Condon suma (de MUY mala manera) una serie de saltos temporales tan mal medidos e indicados que he tenido que volver a leer los cómics para procesarlos. Y esto ya sí que no puedo atribuirlo a lo falto que yo sea, que lo soy y mucho, sino a que el autor tiene prisa y ha ido recortando aquí y allá en un esfuerzo por llegar a donde la editorial le ha pedido que llegue antes de echar definitivamente el cierre.
«Aunque es un disco rayado. Se vuelve a repetir y repetir«
Y ojo, que esto no sólo me confunde a mí. Me leo las reflexiones finales de Bruno Orive en Ultimate Wolverine #4 y me encuentro con que él mismo se ha quedado confuso con qué personaje actúa dónde y el cerebro de quién estaba en una vasija. Como no creo que desde Panini estén tan obtusos como yo, algo me dice que la narrativa de esta serie ha sido terriblemente confusa desde que en la Casa de las Ideas le obligaron a su guionista a ponerse las pilas con una historia que habría dado para años de desarrollo y que ha debido reducirse a cuatro (cinco con el que nos queda) números triples. Apenas año y medio para una trama que pedía muchísimo más.

Ultimate Wolverine #4
Marvel no se puede quejar de cómo le va últimamente con los destrozos que está creando con cada nueva idea que pone en marcha. Al precio que están las cosas y con lo rápido que se nos aproxima otra crisis global, la gente no está para gastarse los cuartos en series fallidas o colecciones a las que les van a cortar las alas a las primeras de cambio. Ultimate Wolverine no es sino la enésima muestra de por dónde está transitando una editorial que ha perdido claramente el fuelle.
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