Jiletta o el caos frenético

Jiletta o el caos frenético: Experimento Tezuka

Jiletta o el caos frenéticoYa teníamos ganas de echar el guante a una nueva obra del mítico Osamu Tezuka. Planeta Cómic trabaj de forma diligente para revitalizar al dios del manga con una seria recopilación de todos sus trabajos. Y ahora le toca el turno a otra de esas obras que con el paso de los años habían quedado en un segundo plano, fuera del radar del gran público, pero que una lectura analítica permite descubrir las grandes ideas que atesoraba el mangaka, algunas de las cuales (como las que competen a Jiletta o el caos frenético) no han perdido un ápice de vigencia a pesar de las décadas transcurridas.

 

«¡Nunca había visto a una mujer tan guapa!«

 

Bajo una apariencia de comedia exagerada, Jiletta o el caos frenético esconde muchas capas de lectura, que van desde la obsesión por la fama y los abusos que se pueden llegar a cometer por alcanzarla, a una crítica feroz a la utilización de los medios por parte del poder y los peligros que suponen su control y manipulación. Es más, los elementos fantásticos con los que juega la obra, lejos de acaparar toda la atención y convertirse en el foco del argumento, sirven como herramientas para el autor, tanto para abordar los diferentes temas que le interesan, como para experimentar y explorar las posibilidades que le ofrece el medio.

 

Porque Jiletta o el caos frenético es un cómic al que le seduce la idea de probar cosas y jugar con el medio. Viñetas que se ponen del revés para ilustrar la errónea visión de un personaje, trazos que van de van de lo caricaturesco a una simplicidad casi «amateur» para resaltar el mundo onírico en el que se encuentra otro personaje… el mangaka concibe un relato en el que se siente terriblemente libre para hacer y deshacer a su antojo. La peculiar naturaleza de Nagisa Harumi (una de las protagonistas) y el mundo surgido de la imaginación de Otohiko Yamabe (otro de los actores principales) ofrecen el escenario perfecto para que Tezuka se deje llevar.

 

Jiletta o el caos frenético

 

Si a nivel gráfico esto permite al autor experimentar, a nivel argumental es cierto que por momentos puede dar una sensación de improvisación, pero no por ello menos funcional o interesante. De hecho la trama avanza con mucha fluidez y los asuntos que quiere tocar están bien tratados. No faltan ni las referencias a la situación política del momento en Japón, con las protestas estudiantiles en boga. La cuestión es que ante la disyuntiva de acotar el experimento o dejarse llevar y redoblar la apuesta, Tezuka (al igual que Ichiro Monzen, el malvado protagonista), opta por lo segundo, alcanzando un punto de no retorno que hace inviable cualquier tipo de desenlace que no sea el narrado. ¿Es eso negativo? Para nada, más bien al contrario, pues enfatiza el carácter subversivo y libre de un cómic que ya desde el principio opta por un camino nada condescendiente con su público, apostando ferviertemente por poner en el centro a un tipo vil como Monzen, incapaz de cuestionarse sus malas artes ni de mostrar sincera humanidad, y aún así es capaz de caernos bien.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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