Lost River

Lost River: Gosling onírico

Ryan Gosling quería contar una fábula y para ello ha optado por los senderos oscuros. Asienta la acción en Detroit, una ciudad afincada en la podredumbre y de la que sólo quedan los restos de lo que fue. Allí vive una familia: Billy la madre (Christina Hendricks), y tiene dos hijos, Bones (Ian de Caestecker) y su hermano pequeño. A punto de ser desahuciados de la zona donde viven, tanto la madre como el hijo mayor intentan ganarse la vida como sea; él extraerá cobre de las casas abandonadas, y ella de camarera en un misterioso cabaret, que se tornará como una vía de escape.

 

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Normal que Gosling se haya fijado en anteriores trabajos suyos. Aparte de ser lo que ha mamado, Nicolas Winding Refn no pasa desapercibido. El punto fuerte de su apuesta –ojo, que no el único– es su potente estética. El estilo que escoge el protagonista de Drive para su ópera prima es el decadente pero mostrándolo con una amplia gama cromática muy saturada. Y jugando con las sombras y los ambientes nocturnos; así todo será más tenebroso como si de una pesadilla se tratase. Porque Gosling narra esta fábula decrépita (con muchos aires retro americanos) y la establece en un plano onírico, jugando con una atmósfera de irrealidad todo el tiempo.

 

Para el cuento por tanto se ha apoyado en la fotografía: mucho movimiento de cámara siguiendo a los personajes, a la acción, mucho primer plano, y mucho plano descriptivo. Y sí, hay muchas inspiraciones: unas maneras muy en la línea del danés, un cierto aire a Terrence Malick, el mundo de ensoñación de Lynch, las luces de Gaspar Noé… Si el director novel no fuera una estrella rompecorazones, no se habría hablado tanto de las reminiscencias.

 

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Los personajes están en desesperación, y los actores saben dar el toque a cada uno. De  Caestecker y Hendricks han asumido muy bien la propuesta, igual que Eva Mendes o Saoirse Ronan, dos secundarias en esta ensoñación experimental.

 

Cierto que a veces el ritmo y el interés desciende, pero el conglomerado final es homogéneo. Ryan ha apuntado demasiado arriba y ha arriesgado mucho. Pero el atrevimiento le ha salido bien. Tanto admirar a los grandes ha dado sus frutos. Y casi todo el potencial se le ha ido por la vía visual. Cierto que tanto artificio puede despistar al personal. Pero también es cierto que estamos ante un cuento, una fábula para adultos, así que el descontrol está permitido, aparte de los caballeros y princesas que se encuentran en el ajado Detroit, aquí renombrado Lost River.

 

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El hilo narrativo es mínimo pero no se dispersa, también se entiende como una metáfora al sistema actual hecho trizas. El envoltorio de potentes imágenes lo completa y lo encarrilan. Al igual que la banda sonora (el hombre que está detrás de la música es Johnny Jewel, compositor de la redonda Drive). Muchos la tildarán de pretenciosa. El actor ha explicado un sueño con claroscuros y con inspiraciones de cineastas, que también en su día se inspiraron en anteriores autores. Para ser un trabajo novel, Gosling ha aprobado y con nota. Su carrera promete.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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