Secretos de Estado

Secretos de Estado: La verdad contra el poder

No está inspirado Gavin Hood en su acercamiento al engaño que supuso la guerra de Irak, mostrándose más distante y pulcro de lo que debiera atendiendo a la perspectiva que toma, la de la traductora de los servicios de inteligencia británicos Katharine Gun, sobre el papel más cercana a nosotros, alejada -pero sin obviarla- de la esfera de la gran política. Aún así, el filme protagonizado por Keira Knightley cuenta con interesantes argumentos que la hacen una estimable propuesta.

 

Keira Knightley

 

Quizás el caso de Kathatine Gun no sea tan mediático para la agenda internacional como los de Chelsea Maning y Edward Snowden. Ni estuvieron Wikileaks y Julian Assange de por medio, ni se convirtió en una prófuga de la justicia, y ni siquiera fue condenada, al contrario, la naturaleza de sus filtraciones y las poteriores ramificaciones y consecuencias judiciales y políticas de las mismas, pusieron en tal brete al gobierno británico que este decidió enfríar el asunto.

 

Este diferente contexto le da un matiz muy atractivo a la historia de Gun, como le sucedió por ejemplo a la de Valerie Plame, trasladada a la gran pantalla en 2010 por Doug Liman y con Naomi Watts como protagonista. Ambas, encuadradas en la revelación del engaño de las administraciones para justificar la invasión y posterior guerra de Irak, muestran como la persecución política y judicial del gobierno de turno acaba volviéndose en su contra, enseñando aún más las cloacas que quieren enterrar.

 

Keira Knightley

 

No hace tanto vimos también la feroz crítica de Adam McKay con la administración Bush en El vicio del poder y sus discutibles formas para lograr sus objetivos. Todas las historias señaladas, de una u otra forma, ponen el foco sobre la ética (o más bien la falta de ética) de unos gobiernos que usaron la guerra como un herramienta para justificarse en el poder y muestran como cuando alguien denunció los abusos fue sometido a una presión y persecución aplastante. Ilustran la debilidad de la clase política cuando la verdad sale a la luz y la pone ante el espejo.

 

Siendo excesivamente evidente su inclinación ideológica, el valor de Secretos de Estado radica en un aspecto ya mencionado, en la distancia que toma respecto al juego político. El foco del relato está en Katharine Gun, presentada como una ciudadana cualquiera que coincide que tiene un trabajo de oficina para una agencia gubernamental. A lo largo de la película se van alternando el thriller periodísitico y el drama judicial, pero siempre acompañando a la historia de Gun; son complementos que le dan mayor riqueza al argumento (permitiendo, por ejemplo, señalar también la responsabilidad de los medios), pero que se guardan de no entorpecer la narración de la historia personal de su protagonista.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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