Horror Park

Horror Park: Sé lo que hicisteis la última fiesta

En su cuarto largometraje (segundo en solitario) el sueco Simon Sandquist se atreve con un subgénero del terror tan complicado como es el slasher. ¿Complicado? os preguntaréis. Sí, porque su estructura es tan sencilla y tiene tantos lugares comunes que es muy fácil caer en maniqueísmos y tópicos. Lamentablemente Horror Park no logra dar el do de pecho y aunque arranca de forma prometedora, termina enfangándose en todos los convencionalismos del género, ahuyentando cualquier atisbo de sorpresa.

 

Horror Park

 

La película se presenta como una suerte de Sé lo que hicisteis el último verano ambientada en un parque de atracciones durante la noche de Halloween. Ya podéis imaginar los ingredientes: una muerte «accidental», un grupo de amigos que se reúne en el aniversario de dicha muerte, un desconocido que quiere liquidarlos uno a uno… El gran problema de la propuesta de Sandquist es que sabe de dónde viene, es muy consciente de sus referentes, pero salvo por chispazos puntuales es incapaz de rebelarse y mostrar una identidad propia. Todo resulta demasiado genérico.

 

Entre esos chispazos destaca el citado arranque, construido sobre un enigmático flashback y una reunión forzada de los desventurados protagonistas. A partir de ahí el filme se desinfla entre largas secuencias de los personajes corriendo de un lado para otro (el parque de atracciones como escenario pintaba bien sobre el papel, pero las distancias terminan siendo un lastre para generar verdadera tensión) y unos personajes que de planos son cristalinos en sus intenciones y desarrollo. En este sentido, el peor parado es quien más debía sobresalir: el asesino. Una de las claves del slasher es el tipo que empuña el arma y se esconde bajo la máscara. De su carisma deriva la iconicidad o la insustancialidad del filme. No tenemos que irnos a los clásicos ochenteros, cada una en su estilo, la saga Terrifier o Wolf Creek son buenos ejemplos de esto.

 

El director, eso sí, acierta de lleno -nos tememos que sin pretenderlo- caracterizando a unas víctimas tan despreciables que da gusto ver morir, en especial los personajes de Amanda Lindh y Ludvig Deltin. Porque la gracia de este tipo de producciones, el juego que se establece entre película y espectadores es el de empatizar y sufrir con las víctimas, deseando su victoria, o vitorear al villano por cada presa acuchillada. Para que un slasher funcione, el espectador siempre debe tomar partido. Dé miedo o tienda al gore festivo, la caracterización de los personajes es capital. Por desgracia, en Horror Park se juntan la insipidez de su asesino con unas víctimas con las que no empatizamos. Es decir, nos da igual el destino de los personajes.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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