Die #2: La Ruptura

Die #2. La Ruptura: Atrapados en la fantasía

Die #2: La Ruptura«Dejad que vuestro viejo amigo vagabundee por ahí«

 

Vivimos momentos muy jodidos cuando escribo esto. Puede que no estemos tan encerrados como cuando pasamos por los inciertos tiempos de la primera ola del coronavirus, pero es ‘casi’ peor: nuestra movilidad sigue estando tan reducida que parece que tan sólo podamos ir de casa al trabajo (y eso si eres de los que no están, como un servidor, teletrabajando), las personas a las que queremos quedan atrapadas en la pantalla de nuestros móviles y ordenadores a pesar de estar a unos miserables kilómetros de distancia, los planes largamente trazados son pospuestos una y otra vez, las cifras de muertos e ingresados crecen tanto que han dejado de tener sentido para nosotros… El agotamiento psicológico que supone llevar casi un año encerrados por decisión propia (en el fondo nada, salvo nuestra responsabilidad [y las multas], nos retiene) pasa factura y escapar a un mundo de fantasía a través de la literatura, el cine, las series, los cómics o los videojuegos se torna en nuestra única esperanza para no volvernos del todo locos.

 

Pero cuanto más tiempo pasa y más atrapados nos sentimos, más tentador suena eso de quedarse a vivir en la fantasía. Allí todo es posible, hasta morir, pero es preferible morir en una batalla épica a lomos de un dragón que consumidos en nuestras casas mientras de fondo oímos el sonido de las sirenas de las ambulancias que corren para tratar de salvar la vida de otra pobre infeliz alma. Y aquí es donde encuentro un terrible nexo de unión entre Die y nuestro mundo: Al final del tomo anterior, cuando Ash y sus colegas parecían haber logrado cumplir con los objetivos necesarios como para regresar al mundo real (a costa de un terrible sacrificio) dos de ellos decidían quedarse dentro de la fantasía y, según las retorcidas normas del juego, esto obligaba al resto a quedarse también. Estoy seguro de que vosotros también notáis la conexión entre la historia de estos pobres desgraciados y nuestro propio tormento.

 

«Conozco los anhelos de este lugar«

 

E incluso enterrados en la fantasía, distinguimos entre quienes son conscientes de que están haciendo algo malo, pero están demasiado a gusto lejos de las noticias, las restricciones y las normas, y quienes deciden directamente olvidar el mundo exterior. Parecen lo mismo, pero a los primeros basta con darles un golpe lo suficientemente fuerte como para que la desidia deje de parecerles la mejor opción, mientras que a los segundos hay que demostrarles (y a veces ni por esas) que la realidad, por dura y agria que sea, es mil veces preferible al traicionero mundo de lo imaginario e irreal. En el cómic de Kieron Gillen a los primeros los representa Chuck, muy consciente de que lo que están viviendo no es real, pero demasiado a gusto en su hedonismo como para que le importe un rábano el resto del grupo. El segundo tipo de personas se encarna en el personaje de Isabelle, entregada por completo a la historia que comenzara con sus amigos allá por 1991, pero que al final de este segundo tomo, comienza a vislumbrar lo terrible que puede ser la fantasía cuando se nos va de las manos y nos consume.

 

Die #2: La Ruptura

Die #2: La Ruptura

 

En el otro lado de la balanza quedan Ash, Matt y Angela, en principio consagrados en su misión de reencontrarse con sus amigos y convencerles de regresar. Pero cuanto más tiempo pasa uno inmerso en la fantasía, más cuesta diferenciarla de la realidad. Y no hay ninguna fantasía como la que estos amigos experimentan en Die. Este segundo volumen, que profundiza bastante más en las vidas y las preocupaciones de sus personajes, gira en torno a este dilema que os acabo de contar, y me resulta muy llamativo que sea ahora, cuando llega el tebeo a España, cuando más siento que cualquiera que lo lea se puede sentir identificado.

 

Me gusta Die. Me gusta el arte que Stephanie Hans vierte en cada una de sus páginas. Me gusta Gillen cuando se desmelena y nos cuenta este tipo de historias. No me gusta que Sol vuelva a quedar como un personaje apenas explorado ni explotado. Pero aún queda mucha historia. Y aún nos quedan meses hasta que la normalidad vuelva a salir a nuestras calles…

 

Hasta entonces… Fantasía.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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