El Increíble Hulk: Hulk vs. Banner

El Increíble Hulk nº 3: El bueno de Mr. Hyde

 

El Increíble Hulk: Hulk vs. Banner«Hice un trato con el diablo para separarme de Banner»

 

Llegó un día en el que no fue Bruce Banner el que trató de librarse de Hulk, sino al revés… Y entonces descubrimos aterrados al verdadero Banner. Jason Aaron (auténtica estrella de Marvel en la actualidad) le ha dado la vuelta a la historia de doctor Jeckyll y Mr. Hyde que sirve de base al mundo del coloso de jade para presentarnos a un Hulk autorrecluido en las profundidades de la corteza terrestre junto a los topoides y por fin separado de su alter ego, de manera quirúrgica para ser más precisos. Pero la paz y tranquilidad no pueden durar. Amanda Von Muerte, líder del escuadrón suicida del gobierno de los Estados Unidos y rápida al negar cualquier relación con el gobernante de Latveria, baja a las profundidades en su busca para que detenga a un científico desquiciado al que sólo él puede dar caza: Bruce Banner.

 

Aaron lo ha vuelto a lograr, ha cogido un conjunto de personajes a los que conocíamos bien y los ha colocado en una historia que va a explorar aspectos hasta ahora nunca vistos de cada uno de ellos. De Hulk ya nos esperábamos que quisiera separarse de su otro yo. En World War Hulk vimos lo reticente que fue a dejar salir a Banner, enterrado como lo tenía en lo más profundo de su ser. Era tan obvio que iba a terminar ocurriendo que Aaron ha tardado cinco meses en desvelar la identidad del misterioso científico que ha triunfado allá donde Banner fracasó una y otra vez. Las cosas se ponen interesantes de verdad cuando nos fijamos en cómo Banner, completamente desposeído de su parte salvaje, enloquece al tomar consciencia de que Hulk siempre había sido parte de él en lugar de un monstruo al que debía reprimir. El experto en radiación gamma se siente vacío y sin rumbo y decide recuperar de cualquier forma y a cualquier precio a su otra mitad.

 

A Hulk todo esto no le importa, por él el mundo puede explotar en pedazos, no le debe nada a una humanidad que siempre lo ha perseguido y tratado de asesinar. Pero Aaron planta aquí su segunda semilla de genialidad al sugerir que, junto a la fuerza bruta, la mitad metahumana de Banner es la que ha heredado la bondad y la valentía que lo convertían en superhéroe. Cuando las investigaciones de su otro yo amenazan la vida de sus amigos el gigante esmeralda no tiene más remedio que tomar partido en una pelea que nunca deseó comenzar, pero que terminará de la manera más expeditiva si hace falta.

 

Bruce Banner en El Increíble Hulk 3
Bruce Banner en El Increíble Hulk 3

 

«Quizás ahora, que no estás en mi cabeza, estoy perfectamente cuerdo»

 

En el apartado artístico, y para darle más empaque al proyecto, los tres primeros capítulos de la historia de Aaron han corrido a cargo del gran Marc Silvestri, uno de los fundadores de Image Comics y uno de los pesos pesados de la Casa de las Ideas durante los años 90. Sus trazos nos presentan a un Hulk con grandes semejanzas con Conan el Bárbaro, a Banner más enfurecido que loco y a Amanda y su equipo como un grupo de monstruitos de feria (atentos a Gor, sólo le falta el doctor Frankenstein para estar completo). A partir del cuarto capítulo que abre este tercer tomo el dibujante pasa a ser otro de los fundadores de Image, me refiero a Whilce Portacio (muy recordado por sus trabajos para X-Factor y X-Force). Portacio lleva al doctor Banner al nivel de desquicie que mejor le sienta a la historia, pero realiza una serie de cambios más (alguno de ellos dentro de su propia etapa) que no terminan de convencerme. En general, su trabajo queda un paso por detrás del de Silvestri.

 

Panini nos trae esta tercera entrega de las nuevas aventuras de Hulk junto con sus portadas norteamericanas (mucho ojo con el Hulk-Venom de la portada alternativa), una reflexión final plagada de detalles de Julián M. Clemente y una tira de Cels Piñol para los más freaks. Aún estáis a tiempo de comenzar una colección que promete sorprender a los novatos y entusiasmar a los amantes del Destructor de Mundos.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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