Pues ya está. Marin y Wakana se despiden de nosotros tras quince entregas. Shinichi Fukuda no ha querido esperar más y da un acelerón en este último volumen para mostrar la oficialidad del noviazgo de la adorable pareja y, de paso, echar un rápido vistazo a su futuro. Un y comieron perdices muy bonito… pero algo anticlimático.
«Siempre hemos vivido en el mismo mundo«
Cuando leímos el tomo anterior apuntamos que el final de la serie estaría a uno o dos tomos de distancia y ahora pensamos que -con todo lo que Fukuda quiere contar- dos volúmenes habría sido lo ideal para hacer justicia a la pareja. Con todo lo que ha costado que se abrieran y se dijeran lo que sentían esta resolución -no por esperada- nos sabe a poco.
Da la impresión de que Fukuda andaba corto de tiempo o de espacio y encapsula el noviazgo y compromiso de Marin y Wakana en solo seis capítulos. En ellos, Fukuda va dando pequeños saltos para comprimir todo un año, rescatando «fotografías» de momentos sin excesivo contexto en los que la pareja explora su cotidianidad o disfruta del cosplay y de planes con su grupo de amigos. Estas últimas tienden a ser un tanto caóticas, con escenas enteras en las que es imposible saber quién dice qué en una algarabía de diálogos que debemos repasar un par de veces para no perdernos.
Lo ideal habría sido dedicar este volumen a explorar esa cotidianidad explorando situaciones que aquí se apuntan en una conversación o se solventan en un par de páginas; y añadir un tomo 16 en el que desgranar la fase del compromiso y el futuro en común de la pareja, resueltos aquí en dos capítulos y un «bonus» de tres páginas. El problema radica, sobre todo, en que se produce una desconexión entre el ritmo sosegado y cuidado de toda la serie y un último volumen que prácticamente quiere resumir una vida entera, pasando del mimo de los pequeños gestos al cuanto más mejor. Uno sale con una sensación agridulce porque la serie pincha justo al final, cuando debe brotar el amor.
Este último tomo incluye también un capítulo extra que vuelve sobre los mangakas que descubrieron el cosplay de Haniel que llevó Marin en la Comiket. Sin relación alguna con la trama principal (el fleco al respecto de la Comiket se resuelve en apenas un par de páginas), su inclusión al cierre del manga responde a un capricho de Shinichi Fukuda, como bien apunta en uno de los textos que hacen las veces de epílogo.

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