Spiderman Noir

Spiderman Noir. Crepúsculo en Babilonia: Exótico, pero prescindible

Si en su artículo de cierre Bruno Orive afirma que Indiana Jones es una trilogía, suprimiendo el recuerdo de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, lo mismo se puede decir de este Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia. Se llama igual y viste igual, pero olvidaos del viejo Spidey que ajusticiaba criminales en la Nueva York de entreguerras.

 

«No seas idiota, pichón«

 

La asociación con el personaje popularizado por Harrison Ford no es casual, pues el volumen publicado por Panini Cómics guarda muchos puntos en común con los filmes de Spielberg en cuanto a tono y contexto. En Crepúsculo de Babilonia no queda ni rastro del aroma negruzco y peligroso que imbuía las miniseries anteriores. Margaret Stohl, la guionista de esta aventura descarta el noir a favor de las aventuras con un toque de weird fiction (que mezcla la fantasía y el terror). Spiderman se vuelve viajero y, movido por la resolución de un misterio, recorre medio mundo luchando contra malvados nazis y descubriendo secretos de antiguas y asombrosas civilizaciones.

 

En este sentido, Stohl parece querer ahondar en la naturaleza mística y mitológica de los poderes de Spiderman, que conecta bien con la idea popular del interés de Hitler y los suyos en el ocultismo y presuntos poderes atávicos. El escenario, pues, resulta de lo más interesante. Más aún con Juan Ferreyra a los lápices; dibujante de enorme imaginación que explora muy bien los ambientes fantásticos y de pesadillas, en los que una sombra puede resultar tanto o más terrible que el más espantoso de los monstruos. Sin duda es el dibujante ideal para retratar a este Spiderman.

 

Todo esto se diluye, sin embargo, en una historia que se limita a replicar los tropos (en el sentido de temas recurrentes) del género, desde los personajes, a los escenarios y giros dramáticos. No solo no sorprende, sino que a nada que conozcáis cómo funcionan este tipo de aventuras pulp (volvemos al ejemplo de Indiana Jones, sin ir más lejos), Crepúsculo en Babilonia se vuelve absurdamente predecible. Luego hay algunas decisiones narrativas que no terminan de tener sentido, como -por citar una- que Peter use la máscara para ocultar su identidad, pero al mismo tiempo se la quite y ponga delante de todo el mundo. Este Spiderman es el vigilante menos discreto que hayáis visto en mucho tiempo.

 

Al final, el reclamo para adentrarse en este Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia (que, por cierto, no incluye el número aparecido en Universo Spiderman: Spider-Cero [que encaja como un guante a modo de prólogo de esta miniserie], obligando a adquirir el tomo si queréis tener todo el Spiderman Noir), es el dibujo de Juan Ferreyra. Por lo demás, este es un cómic tan perezoso como olvidable.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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