La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra

La Banda Asesina del Castigador. Una Historia de Guerra: Desmelene

La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra«Necesito presentarte a unos cuantos nuevos amigos«

 

Nunca me cansaré de apostar por las miniseries que va sacando de cuando en cuando Panini al calor de eventos y tramas sueltas de Marvel. Hay un cierto número de veces en las que salgo escaldado, pero hay otras que compensan estas con creces. La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra es una de esas veces en las que algo pequeño se revela como un gran hallazgo. Durante la Guerra de los Reinos de Jason Aaron vimos a Frank Castle defender las calles de Nueva York a su manera, combatiendo a los elfos oscuros y a los gigantes de hielo de las historias de Thor con metralletas y lanzagranadas de su propia colección. En La Guerra de los Reisnos: Omega ya vimos cuál iba a ser la siguiente gran aventura del Castigador y ahora Gerry Duggam y Juan Ferreyra nos traen esa historia que pudimos vislumbrar en el epílogo del penúltimo evento de la Casa de las Ideas.

 

La Banda Asesina del Castigador no se diferencia en su núcleo demasiado de lo que está acostumbrado a ofrecernos Castle. Hay venganzas que perpetrar, asesinos a los que castigar y mutilaciones y violencia como para llenar una piscina olímpica. Lo que hace de esta historia algo único y diferente es que Duggan le regala a Punisher una banda de personajes con los que irse de correrías, un grupo de desalmados que le ayuden a matar y recrearse en la muerte de sus enemigos. Unos compañeros de viaje como Juggernaut, el Caballero Negro y Foggy Nelson (que es abogado y, por tanto, no tiene alma tampoco). Y, junto con estos compañeros, el actual guionista de Salvajes Vengadores (serie con la que ésta comparte bastantes guiños de estilo) vierte un cubo entero de chascarrillos y chistes de humor de todos los colores (sobre todo negro). Lo que hace de La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra un relato de puro deleite más allá de cualquier concepto de continuidad editorial. Un dulce a degustar sin remordimientos por el simple placer de pasar un buen rato con su lectura.

 

«Si vas a vomitar, hazlo antes de montarte en mi furgoneta«

 

Ni tan siquiera hace falta haberse leído la saga de Aaron, que nos es resumida rápidamente al principio del cómic para permitir que nos centremos en lo verdaderamente importante. Decía antes que esta historia conecta a nivel espiritual con los Salvajes Vengadores (el Castigador también sale en esta serie, por cierto), pero se diferencia de ella en que ésta es mucho más libre. Al sacar al Castigador de la Tierra y llevárselo de viaje por los Nueve Reinos (y algunos planetas perdidos de la mano de Dios) Duggan logra que todo lo que ocurra importe bien poco para la historia de Marvel y para las historias personales de cada uno de los involucrados (hasta que algún otro guionista quiera hacer uso de ello), por lo que los protagonistas pueden dedicarse a cortar cabezas sin pudor y los autores pueden desmelenarse todo lo que quieran sin temor a incurrir en alguna incoherencia editorial.

 

La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra

La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra

 

También se desmelena Ferreyra. El otro día os hablaba de lo guay que era poder contar con Benjamin Percy en Marvel después de su estupenda etapa al frente de Green Arrow para la Distinguida Competencia. Pues bien, su arquero esmeralda contó con los maravillosos dibujos de este argentino y gran parte del éxito de aquella serie se debió al excepcional apartado gráfico con el que contó. El dibujante nos deja en este tomo con auténticas locuras visuales. Tantas que me ha costado elegir una sola para ilustrar este artículo y la que finalmente he puesto no hace justicia a todo lo que nos regala Ferreyra, pero pienso que es mucho mejor ver las composiciones completas que cualquier aproximación que os pudiera dejar yo por aquí. La Banda Asesina del Castigador: Una Historia de Guerra se disfruta tanto en su lectura como en lo visual. Es una maravillosa joya para evadirnos de la cuarentena y un cachondeo salvaje que os va a arrancar más de una sonrisa cómplice con sus autores.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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