Wonder Woman en los cincuenta

Wonder Woman en los cincuenta: Historia apócrifa

Wonder Woman en los cincuentaDentro de su línea Archivos DC en los que Panini Cómics picotea entre sagas, legados y clásicos del cómic (ahí están Crisis en Tierras infinitas, Camelot 3000 o Watchmen), una jovencísima Diana hace aparición con un tomo recopilatorio que aborda una curiosa colección de relatos escritos (y dibujados) en los años 50 que nos permiten conocer cómo era la amazona en aquellos años.

 

«La conozco… ¡Wonder Woman! ¡Nos ha engañado!«

 

Por una parte, sorprende que, apostando por material clásico, prácticamente historiográfico (llegan compactados en secciones precedidas de un texto que ahonda en el contexto y la creación de las diferentes aventuras), se salta los años fundacionales de la heroína, esos dirigidos por William Moulton Marston (su creador) y se centra en la etapa inmediatamente posterior, liderada por Robert Kanigher. ¿El motivo? Lo desconocemos, pero apostaríamos por dos. Primero, si ya resulta complicado hacer atractivo el material clásico entre el público general, apostar por un puñado de aventuras muy metidas en el contexto de la 2GM y sin margen para coquetear con otras licencias, parece (para nuestra desgracia, que sí nos encantaría disfrutar de ese material en castellano) muy complicado. Segundo, en relación con el final del primer punto, en los 50 Kanigher hizo y deshizo a su antojo con el personaje de Marston, cambiando orígenes y conceptos a capricho y fue durante sus años, cuando Diana empezó a confraternizar de verdad con otros personajes de la editorial como Flash o Linterna Verde. Hay ahí un legado compartido que sí puede resultar más apetecible a un lector no tan de nicho.

 

Y al hilo de esto sorprende también la idiosincrasia de las propias historias recogidas en el volumen. No tanto por la época (con todos los prejuicios y distorsiones éticas respecto a cómo es la sociedad occidental hoy día), sino porque, quizás sin la consciencia de que el personaje y su mundo viviría tantísimos años (cada vez estamos más cerca de celebrar su centenario), se respira un enorme espíritu improvisador en sus aventuras. Solo así se explica que Kanigher borre la huella de Marston en la explicación de ciertos elementos icónicos del personaje, pero que más adelante se desdiga a sí mismo relatando otro origen para el mismo concepto. Esto lo vemos, por ejemplo, con el origen de la tiara (a la que dedica dos historias que se contradicen entre sí) o su ascenso a Wonder Woman.

 

Wonder Woman en los cincuenta

 

Pero no deja de ser algo anecdótico, máxime cuando, con los años, el origen de la heroína ha sido reescrito en varias ocasiones y su característico equipamiento también ha mutado de apariencia y naturaleza. Tanto que la cronología de esta WW podría ser considerada como apócrifa respecto a la historia del personaje. Pero que esto no os lleve a engaño, por mucho que Diana haya evolucionado, la riqueza de estas historias radica también en que mucho del carácter que han convertido a la amazona en un icono pop y un símbolo social tiene su simiente en las historias escritas en estos ya lejanos 50. Su voluntad, valentía y altruismo ya eran aspectos capitales de su persona en aquella época.

 

Wonder Woman en los cincuenta es un pedacito de historia de uno de los nombres más importantes del cómic súper heroico. Uno, además, sorprendentemente divertido. A pesar de la ingenuidad que muestran sus premisas (a ojos del s.XXI), las aventuras tienden a mostrar un gran sentido del ritmo y de la tensión. Y esto es importante porque todos conocemos casos de cómics (incluso posteriores) a los que el paso del tiempo ha avejentado hasta convertirlos en momias en descomposición. Wonder Woman resiste el tipo y propone una lectura muy amena.

 

 

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