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Buscando a Dory: Ella sigue nadando

Una vez más Pixar manufactura un producto con el sello propio de la compañía: ahondar a lo más profundo y meterse de lleno en las emociones con los mensajes más evidentes. No son sólo expertos en la animación, también en este mensaje. Una vez hallado Nemo hacía falta se perdiese alguien a quien encontrar, y ya de paso, reencontrarnos nosotros con una animación que conjugase ternura y humor por partida doble. Esa es la baza de la compañía, y Del revés había dejado un listón muy alto y difícil de superar. El viaje de Arlo no lo consiguió, aunque cumplía con los dogmas establecidos en Emeryville.

 

Dory con su nuevo compañero de aventuras, Hank

Dory con su nuevo compañero de aventuras, Hank

 

De modo que ahí estaba Dory, uno de los personajes más queridos y a la vez, más apartados de su credo. Curioso es que la compañía del flexo, tan asentada en los valores tradicionales, lance el mensaje de ‘déjate llevar’ con su olvidadiza protagonista. Dory es la hippy de la casa. Pero no podía ser menos dentro de la compañía, así que había que demostrar que ella también tiene unos padres que la quieren. Y voilà secuela.

 

El guión tiene un ritmo ágil que juega muy bien sus gags, y es sincero en el mensaje: no se lo toma con sutilezas y embiste al público con una dosis de valores tales como la familia o la amistad. Eso sí, el zarpazo es de una ternura inconmensurable, que desborda desde el minuto uno con esa mini Dory extremadamente adorable e igual de despistada. El humor con el que juega Pixar, siempre va mezclado con alguna emoción negativa, y aquí toca el agobio. Porque Dory, y también Marlin y Nemo, una vez llegados a California, pasan una serie de hercúleas pruebas dentro del Instituto Vida Marina hasta dar con los progenitores de la protagonista. Nuevos colegas, como Destiny, la tiburón ballena miope, Bailey, una ballena Beluga, o Hank, un pulpo asocial y apático bastante antagónico a la pececita cirujano, pero clave en esta aventura, como esos socarrones leones marinos.

 

Y a la vez que está Ellen DeGeneres y compañía en la versión original, también Anabel Alonso con José Luis Gil repiten con los personajes a los que pusieron vez hace trece años.

 

La secuela hace honor a la primera. La proeza de Marlin buscando a su hijo era una barrera difícil de superar, pero la aventura en la joya de Morro Bay, California, aprueba con muy buena nota. Seguramente Dory olvidará este episodio de su vida, pero nosotros a ella no. El jolgorio empatado con lo sentimental, todo con el punto y final interpretado por Sia, con una versión de Unforgettable. Por cierto, hay postdata después de los créditos.
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Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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