Armie Hammer y Timothée Chalamet

San Sebastián 2017: ‘Call Me By Your Name’, ‘Una mujer fantástica’ y ‘El autor’

Procedentes de la Berlinale y encuadrados en Perlas y Horizones Latinos respectivamente, hablaremos de Call Me By Your Name y Una mujer fantástica. Por otro lado, comentaremos las claves del éxito de El autor en el recientemente concluido Festival de Toronto, donde se hiciera una semana atrás con el Premio FIPRESCI de la crítica. La nueva película de Manuel Martín Cuenca compite en la Sección Oficial del festival y es una de las favoritas para alzarse con la Concha de Oro.

 

Armie Hammer y Timothée Chalamet

 

Call Me By Your Name, de Luca Guadagnino

Tras observar la acogida que tuvo el film en los festivales de Sundance y Berlín y ojear algunos comentarios críticos, todo parecía indicar que Luca Guadagnino había sido abducido por un extraterrestre. Desde luego, en este drama sobre el despertar sexual veraniego de un joven de 17 años no hay ni rastro de la sutileza anunciada. Aunque eso no quiere decir nada por sí solo —ni positivo ni negativo—, sorprende que Cegados por el sol fuera criticada por su coherente desmesura mientras este trabajo, sin ningún tipo de rigor narrativo ni estilístico y a caballo entre su cine anterior y el más tópico cine estadounidense, lleva siendo aplaudido desde el pasado mes de febrero.

 

Esther Garrel y Timothée Chalamet

 

El italiano vuelve a hacer que gran parte de su película gire en torno al deseo sexual, aunque aquí trata de disfrazar de idílica —aunque efímera— historia de amor imposible lo que no es más que un romance dramáticamente caprichoso, construido prestando especial atención a los conflictos arbitrarios y a ciertos detalles de muy mal gusto sin ninguna función narrativa pero idóneos para epatar. Así, entre momentos videocliperos y subrayados tan simples como vulgares —desde la funcionalidad de las esculturas griegas hasta la repetición de planos que muestran la evolución de árboles frutales—, la cinta transcurre como un viaje hacia ninguna parte repleto de secundarios desdibujados, siendo especialmente alarmante el trato que reciben los personajes femeninos. Finalmente, las decisiones de montaje y los insertos musicales refuerzan esa idea de viaje sin rumbo fijo, donde, sin embargo, encontramos algo verdaderamente valioso: Timothée Chalamet, un joven de naturaleza garreliana que seguramente dé mucho que hablar de aquí en adelante.

 

Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio

Lo nuevo de Sebastián Lelio puede funcionar como la extensión artística y socialmente comprometida de Gloria. No obstante, sus más notables diferencias se hallan en la forma de dar cuerpo a los problemas a los que se enfrentan sus féminas protagonistas: mientras en su anterior trabajo apenas acertamos a comprender alguna de las causas que llevaban a Gloria a comportarse de esa manera y a estar sola en el mundo, en Una mujer fantástica el engranaje dramático se reduce a lo malvada que es una sociedad que aún no es capaz de aceptar aquello que a sus ojos se aleja de la normalidad.

 

Daniela Vega

 

Después de una más interesante que elegante presentación —las coloridas y estimulantes imágenes de la cinta casi siempre hacen gala de un acusado horterismo— que invierte los que más tarde serán los roles de objeto y sujeto de la narración, Una mujer fantástica se pierde entre el maniqueísmo más tosco y un misterio que nunca llega a despegar, acompañado, eso sí, por una excelente banda sonora cuya reiteración no es sino el anticipo de un final que esta mujer fantástica debe confrontar para llevar a cabo un luto que le es negado por su condición. Pero ni siquiera los desvíos genéricos son suficiente para desprenderse de una carga de denuncia que limita gravemente el alcance de esta ficción. Más cerca de Almodóvar que de Larraín, la película, tan irregular como políticamente ingenua, al menos logra mantenerse viva hasta el final. Otra cosa es que el camino merezca la pena.

 

El autor, de Manuel Martín Cuenca

Si bien es cierto que no tiene nada especialmente destacable, podría decirse que El autor es una película genuina, quizás la primera en toda la carrera de un Martín Cuenca que hasta ahora se había dejado influenciar por otros autores —es aquí donde surge la lectura más lúcida del film, convirtiendo a su protagonista en el transmisor de las inquietudes artísticas del cineasta—. Entendida como un juego macabro en el que todas las partes intervienen en el papel de víctima —de otras o de sí mismas—, la obra se desvela como una radiografía social tan irónica y poco sutil como la intervención de Antonio de la Torre en La mitad de Óscar, probablemente la única conexión real entre esta cinta y otros trabajos del cineasta.

 

Javier Gutiérrez

 

En su vertiente más lúdica, la película se puede leer como una comedia a tener muy en cuenta, especialmente por el impacto cómico que genera a través de los cortes de montaje; sin embargo, como drama psicológico resulta demasiado llano y falto de aristas, con apuntes pertinentes pero esgrimidos sin riesgo ni creatividad. Todo lo referido a la psicología del protagonista funciona perfectamente en un primer plano, cuando la propuesta se materializa y da sus primeros pasos, pero la ligereza del tono escogido sitúa a la cinta en un terreno muy cómodo que nunca abandona. El autor tiene casi tantas pegas como aciertos, pero cuenta con un atrayente dispositivo narrativo que justifica su por momentos árido trabajo escénico.

Acerca de Iván Ginés

He comenzado a entender mi función en este mundo gracias al cine. Siempre me ha gustado decir que Vértigo y Mulholland Drive me introdujeron en este mundo, pero ahora debo añadir que han sido John Ford y Jacques Rivette quienes han cambiado mi forma de pensarlo.

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