Planetary #1-2: Hijos de la libertad

Planetary #1«No sé qué me da mas miedo«

Hay obras destinadas a convertirse en clásicos desde la primera viñeta. Es el caso de Planetary que, ideada en 1998 por Warren Ellis (Transmetropolitan, Iron Man: Extremis) y John Cassaday (Astonishing X-Men), abrazó el cambio de siglo mostrando una nueva manera de relatar y de usar las viñetas y los héroes que inspiraría a toda una nueva generación de artistas. Publicada originalmente bajo el sello Wildstorm, Planetary ofreció una visión única y profunda de los cien años que veía por el retrovisor mezclando acción, drama y un humor cáustico con total maestría.

¿De qué va Planetary? Va de arqueólogos que no lo aparentan, de metahumanos que esconden sus habilidades, de misterios dentro de misterios, de una historia perdida y de la gente que lucha por recuperarla. Planetary trata, sobre todo, de recuperar los mitos y leyendas del cómic y el cine desde que ambos vieron la luz y hasta que el siglo XXI les pilló a pata cambiada y sin tiempo apenas para elegir entre renovarse o morir a un lado del camino. En una época en la que los héroes se prodigaban en músculos desproporcionados y pechugas imposibles, Ellis y Cassaday ofrecieron un cómic limpio, de trazo suave y figuras realistas que capturó enseguida los cinco sentidos de nuevos y viejos lectores.

«Estuvimos a punto de destruir el mundo, así que teníamos que salvarlo«

Me llama la atención que Planetary no podría escribirse hoy. O al menos no en los mismos términos. Con una editorial como DC Comics absorbiendo y fagocitando a las editoriales en su poder, Wildstorm (al igual que Vertigo) ha pasado de ser una fuente de relatos independientes a una línea editorial con mucha menos fuerza de la que tuvo en su día y completamente supeditada a la continuidad prefijada por los mandamases de turno. En un contexto así, la historia de Ellis sólo podría considerarse viable bajo el sello de Otros Mundos (Elseworlds), que se ha de admitir que nos ha dado maravillas como Kingdom Come, pero que en ningún momento ha admitido una serie de la extensión y las ambiciones de esta. El Wildstorm de 1998 le proporcionó a Ellis y Cassaday un universo pre-existente y la completa libertad de jugar con él a su antojo. Planetary es hija de la libertad que se dio con el cambio de siglo.

Planetary #1

Las referencias al pulp, a la cultura pop y a los grandes clásicos de la literatura y el cine abundan en la obra que ahora reedita ECC. No de una manera impuesta, sino con la naturalidad de unos hechos que estuvieron ahí y que el equipo formado por Elijah Snow, Jakita Wagner y el Batería se esfuerza por sacar a la luz (dando de paso lustre a una cantidad ingente de obras y personajes que corrían el riesgo de ser olvidados por los lectores de nuevo cuño). Cuando un cómic es capaz de presentarte de golpe y porrazo a Doc Savage para pasar a las pocas páginas a mostrarte los restos de Godzilla y, además, logra que tú lo asimiles todo sin enarcar una ceja, es que ese cómic está hecho con verdadero mimo y delicadeza.

«¿Por qué me inventaste?«

Digamos que el primer tomo de Planetary se dedica a mostrarnos el terreno y a colocar a los personajes en los puestos que les corresponden para ejecutar su papel en la obra. Planetary #2, una vez toma consciencia de la magnitud que está adquiriendo el relato, se expande y toca los confines del universo, permitiéndose incluso los crossovers y jugando al ratón y al gato con la realidad de los argumentos propios de la editorial que habría de engullir en el futuro a Wildstorm y lo que representaba. Como todo buen narrador (o quizás malabarista), Warren Ellis nos plantea en el primer tomo una serie de incógnitas que va desvelando poco a poco en el segundo a la vez que lanza al aire unas nuevas o aumenta la complejidad de las iniciales. El resultado es que una vez uno ha caído en las redes de Planetary, cuesta horrores escapar de su lectura compulsiva, a la caza de respuestas y a la espera de nuevas preguntas que han de plantearse.

Planetary #2

El desarrollo de Snow entre el primer y el segundo tomo es alucinante. El personaje pasa de ser un viejo gruñón a una amenaza seria y de esto a algo mucho más peligroso e interesante conforme van avanzando las páginas y los misterios van siendo desvelados. Wagner y ‘Bate‘, por su parte, nos dejan con ganas de conocer más acerca de su pasado, que se promete (si es sólo un diez por ciento de interesante que el de su compañero) digno de ser contado. Lo mismo ocurre con los personajes que van apareciendo y desapareciendo a lo largo de los capítulos de la historia, siempre mucho más profundos de lo que podríamos esperarnos en primera instancia y capaces, por sí mismos, de protagonizar su propia aventura.

«Aquí es donde se engaña al Más Allá«

Pero es que hay más, mucho más, por escarbar bajo la superficie de lo que leemos en las páginas de estos cómics: las constantes alusiones a la Guerra Fría, por ejemplo, y las referencias a como la historia presente es víctima y producto de los vicios y errores de nuestros ancestros no son fortuitas. Ellis y Cassaday logran que nos exprimamos la materia gris en sus cómics a base de hacernos reflexionar sobre la serie de decisiones y sucesos que nos han llevado a ser quiénes somos hoy como naciones y como raza humana en general. Se nos deja claro que aún seguimos pagando los desmadres que se produjeron en el contexto del enfrentamiento encubierto EEUU – URSS y esto nos lleva a pensar en cómo dicho conflicto sigue vivo a día de hoy, reproduciéndose y perpetuándose en sucesos como los de Ucrania o las diversas crisis del gas del este Europeo.

Planetary #2

Planetary es una serie que DEBÉIS leer. ¡Si hasta el propio Alan Moore salió del barril (en el que duerme cual maestro de la escuela cínica) para alabar en el prólogo el trabajo de la pareja artística que firma esta novela gráfica! ECC, además, se ha decantado por editar en rústica, para lograr llegar a todos aquellos a los que el cartoné les parece cosa de ricos. Nunca lo habíamos tenido tan fácil ni tan claro para elegir el próximo cómic que deba iluminarnos.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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