El Inmortal Hulk #34 (#110)

El Inmortal Hulk #34 (#110): El señor que leía cómics

El Inmortal Hulk #34 (#110)«Respirad hondo chicos… Es el olor de la victoria«

 

Se va acercando. Se le ve llegar. El momento en el que cambian las tornas para Hulk y el resto de sus aliados gamma en la serie que escribe Al Ewing está al caer y lo que ocurre en El Inmortal Hulk #34 (#110) es la constatación de ello. Joe Fixit y la versión infantiloide de Hulk se encuentran derrotados y encerrados en el infierno más allá de la puerta verde, parece que el Líder por fin los tiene donde quería y que ya nada los puede librar de la desaparición en el gigantesco monstruo que ha creado el villano, pero es entonces cuando el autor rebusca un poco más entre todas las historias y toda la mitología del goliat esmeralda para rescatar a una faceta del personaje (y ni tan siquiera del personaje) que le viene de perlas para la historia que está contando y que enriquece aún más todo el lore que se esconde detrás de los músculos y la destrucción del gigante más poderoso del universo Marvel.

 

Me fascina la manera en que Ewing se ha empollado toda la historia del personaje a lo largo de sus muchos años de peleas, pérdidas de control y locuras en los cómics de la Casa de las Ideas. Este profundo estudio, unido a la capacidad del guionista para contar historias que nos engorilen, hace que el personaje se haya beneficiado de una profunda renovación gracias al paso de este guionista por la serie. Mucho la tiene que cagar su sucesor (nada menos que Donny Cates) para que todo lo que hemos leído a lo largo de los ya cerca de cuarenta números de la colección caiga en saco roto. Hay cosas que se van a quedar así para siempre, otras que desaparecerán hasta que otro guionista las recupere y otras que ya no podremos imaginar del mismo modo en que lo hacíamos hace un par de años y medio.

 

«Veo pesadillas brotando de la corteza del mundo«

 

Todo porque un señor enorme y barbudo decidió leerse todo lo que caía en sus manos sobre el personaje del que debía ocuparse. Todo porque ese mismo señor decidió añadirle más y más capas a su historia a través de un profundo conocimiento del género del terror y de una extensa colección de citas sacadas de su propia cultura y de mil y una fuentes por descubrir. Siempre nos molan los ejemplos de gente que confirma que lo que nosotros pensamos es válido pero lo cierto es que sería un mentiroso si dijera que me enganché a esta serie porque me veía reflejado en la manera en la que en ella vertía sus propias experiencias y conocimientos su autor. Y, sin embargo, es así. Soy una persona que, cuando no está devorando cómics, hace lo propio con novelas, películas, juegos… pero también con noticias, podcasts, análisis… Esta manera de devorar conocimiento no me ha convertido en el ser de mayor sabiduría de la galaxia (quizás en el de menor), pero me ha servido en innumerables ocasiones para hacer evolucionar mi escritura, para dotar a mis reseñas de algo de riqueza para que quienes las lean puedan aprender algo nuevo (que no útil)… Y toda esta escritura (las casi dos mil reseñas que llevo escritas en esta revista) me ha ayudado a comunicarme de una manera más eficaz e interesante a través de emails o de discursos que he preparado con lo que me iba saliendo del corazón.

 

El Inmortal Hulk #34 (#110)

El Inmortal Hulk #34 (#110)

 

Lo que quiero decir es que vosotros y vosotras, que llegáis aquí porque os habéis leído un cómic sobre un tipo que se vuelve verde cuando se enfada y que es capaz de regenerarse aún habiendo sido reducido a una pila de huesos y cenizas, estáis acumulando con esta lectura una experiencia más, un conocimiento nuevo que nunca sabréis cuando va a salir a la luz. Puede que lo haga cuando estéis fardando de lo mucho que sabéis sobre los personajes de la Casa de las Ideas, o puede que os sirva de inspiración cuando escribáis el guión de vuestra primera película. La manera en que Al Ewing integra todo lo que ha leído con todo lo que quiere contar y con todo el conjunto de sus experiencias y conocimientos previos supone un subidón fuerte para un servidor, porque viene a decirnos que todo cuenta, que todo lo que hacemos, todo lo que leemos y todo lo que vemos suma y se acumula en una parte de nuestro cerebro, dispuesto a sernos útil en el día de mañana.

 

Para que luego digan que lo de leer cómics es una pérdida de tiempo.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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