Eternos #6

Eternos #5-6: Eficiencia, equilibrio y terror

Eternos #5

«Decidimos que una espada debía golpear desde las sombras«

 

Hasta aquí el primer arco argumental de Los Eternos de Kieron Gillen. Primero de, aparentemente, tan sólo dos porque desde un principio esta historia fue pensada como una miniserie (ya dije en el pasado que esto no daba para mucho más) y porque la película de Chloé Zhao no ha sido el éxito arrollador de crítica y público que se esperaba (a mí personalmente me gustó, pero bien es cierto que ha salvado los muebles por los pelos y gracias a la cada vez más importante taquilla internacional). Con la primera mitad, por tanto, de la trama contada, llega el momento de hacer balance y ver los puntos fuertes y las debilidades de una serie con el sueño de llevarnos al cine, pero que también ambicionaba desarrollar su propia alma más allá de los personajes del celuloide.

 

Comencemos por lo negativo, lo que ya conocíamos de mis anteriores reseñas. He dicho que Eternos quiere llevarnos al cine, pero no es del todo correcto. Más bien, la colección de Gillen espera que hayamos ido al cine (o tengamos ya una solera en lo que a la lectura de cómics se refiere) y ya conozcamos bien a los personajes de la disfuncional familia que son los Eternos. es la única explicación que se me ocurre para una historia que no invierte ni un segundo de su tiempo en la construcción de sus personajes. Si sabemos qué diferencias hay entre los poderes de Sersi e Ikaris es gracias al filme (o a anteriores lecturas) y no por lo aquí degustado ya que, de hecho, se nos insinúa que, de alguna forma, todos los Eternos tienen los mismos poderes, sólo que algunos eligen especializar uno de ellos por encima del resto. Esto, cuando salió el cómic (unos cinco meses antes de que se estrenase el filme en España), significó lanzar a gran parte de los lectores (estos personajes no son de los más conocidos de la Casa de las Ideas) a un pozo de oscuridad y dudas en el que resultaba muy difícil orientarse (¿Qué narices eran los Eternos? ¿De qué iba la máquina que los devolvía a la vida?).

 

«Una flecha que no conoce su objetivo está perdida«

 

Esto antes de que Eternos llegara a los cines de nuestro país. Y de que estos dos últimos números vinieran a iluminar las dudas que pudieran quedarnos.

 

Una vez aclaradas las dudas nos encontramos con una historia que (de algún modo) tiene ciertos paralelismos con lo disfrutado en el cine. En ambas aventuras nos encontramos con un grupo de personajes que se relacionan con la cercanía de una familia, pero que claramente tienen muchas historias que resolver entre ellos. Y, por encima de todo, en ambos argumentos nos encontramos con unos protagonistas atrapados en un bucle eterno del que en algún momento buscan escapar. Esto, en el cine, se traduce en el deseo de parte de los Eternos por cuidar de la Tierra más allá de las órdenes recibidas y la programación heredada. Y eso queda muy bonito y puede dar pie a secuelas (si es que Marvel se atreve a volver a llevar a esta franquicia al cine).

 

Eternos #6

Eternos #6

 

En los cómics que nos trae Panini, sin embargo, el bucle que nos propone Gillen no es tan apocalíptico como el de Zhao, pero es quizás mucho más sórdido y tenebroso. Y hunde sus raíces en la misma forma en la que los Eternos vuelven a la vida cada vez que caen en batalla. esto hace que el final de este primer arco sea de los que, por más que la solución haya sido encontrada, no dejen buen cuerpo ni en los protagonistas ni en quienes lo leemos. Pero pide una segunda parte para la historia (que llegará dentro de unos meses) y prepara a los Eternos para un cambio necesario que pueda terminar significando su integración en el universo convencional de los héroes marvelitas… Si es que Marvel decide conservarlos para la fase quince de su universo cinemático.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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