«Has hecho algo bueno, mein freund«
Leo aquí y allá en la prensa especializada que Marvel ha perdido fuelle frente a DC y que, de hecho, casi no ha logrado colar colecciones suyas en el top diez de las más leídas de los últimos meses en Estados Unidos. Esta situación, que es justo la inversa a la que vivimos en tiempos de la Marvel Now! tiene mucho que ver con la política que parece haberse instaurado en la Distinguida Competencia de la Casa de las Ideas de apostar firmemente por la creatividad (sobre todo con el universo Absolute, pero también con el de All-In). Frente a esto, Marvel parece haber caído en un estado de complacencia y de conservadurismo que nos está llevando a leer una y otra vez las mismas historias que ya funcionaron en el pasado (cuando, oh sorpresa, eran nuevas) y que ahora sólo sirven para maquillar un poco las cifras de ventas.
También influye el calendario que la editorial marca a sus autores a la hora de hacer cruzar sus series con tal o cual evento. Lobezno, sin ir más lejos, ha comenzado ligeramente tarde en esta época post-Krakoa y ya se ha perdido nada menos que dos crossovers mutantes (demasiados para el poco tiempo que llevamos), pero no sólo eso, sino que antes de que llegue a cumplir el año de vida tendrá que parar en seco por el evento mutante de La Era de Revelación, que mantendrá la trama en dique seco durante tres o cuatro meses en nuestro país. Esto ha obligado a Saladin Ahmed a apretar la historia del Wendigo y cerrarla a toda prisa en el quinto número de la colección (con una historia con Arcade de por medio que es tan inclasificable como anodina) y a condensar en dos entregas una trama que comienza fuerte, trayendo de vuelta a la madre de Logan para luego desinflarse como un globo mal atado.
«Sólo el cabeza de familia puede firmar, ¿no?«
El resultado de todo esto es que los fans y los lectores de esta cabecera no sabemos ya qué esperar ni, y esto es peor, si nos importa acaso lo más mínimo. En tiempos de Krakoa la relación entre el protagonista de esta serie y el encargado de darle caza del FBI era una pasada, pero ahora Ahmed trata de replicar de alguna manera exactamente lo mismo con la inspectora del Departamento H y la cosa suena más a chiste que a nada ni remotamente sustancioso. Y cuando vemos de vuelta a Dientes de Sable por enésima vez, lo único que se nos ocurre exclamar es un profundo y hastiado «pues vale…» Pereza máxima con una serie que en ningún momento parece saber qué demonios nos quiere contar y a la que la propia editorial tampoco está dejando desarrollarse con libertad.

Lobezno #7 (#168)
Me interesa un poco más lo que leo en Lobezno #8 (#169). Una historia autoconclusiva que nos lleva al pasado de Lobezno y que mezcla mafia, garras y favores devueltos. Da la impresión de que Ahmed se siente más cómodo escribiendo historias bien cerradas que alargando tramas en el campo de minas del calendario editorial marvelita. Sin embargo, quienes compran esta cabecera mes a mes a las buenas gentes de Panini quieren leer algo más que historias cortas sin demasiadas consecuencias para el mutante de las garras de adamántium. Y ni el autor ni la editorial en Estados Unidos están sabiendo darnos lo que queremos.
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