Doctor Extraño #3 (#36)

Doctor Extraño #3 (#36): Nuevos trucos, viejos vicios

Doctor Extraño #3 (#36)«La furia no es señal de control«

 

Se va acercando cada vez más Stephen a la Tierra y, con ello, cada vez nos encontramos más próximos al momento presente del universo marvelita (y a la más que probable despedida de Kanna). Pero no nos desviemos, aún le quedan al buen doctor un par de lecciones que aprender en esta aventura como paso previo a su regreso como Hechicero Supremo y a su tonteo con la Gema del Tiempo durante las Guerras del Infinito. Y la lección que Mark Waid se reserva para este tercer número no es moco de pavo, porque supone pasar al protagonista al siguiente nivel. Que deje de ser una enciclopedia andante del conocimiento mágico para comenzar a escribir sus propias páginas en el libro de historia de la magia.

 

Para ello sólo tiene que ser presa, una vez más, de su propia arrogancia y poner en peligro no sólo la vida de su actual amiga y aliada (pobre chica), sino la de todos los habitantes de la Tierra, que se convierten de pronto en el objetivo prioritario de una raza de seres directamente salidos de las páginas de los Runaways (echadle un vistazo a la serie de televisión y a su contrapartida comiquera a manos de Rainbow Rowell) a los que Stephen decide tocar las narices más allá del sentido común y la inteligencia. ¿Y todo por qué? Porque Tony Stark tenía razón y Extraño ha ido recuperando poco a poco sus poderes desde que abandonó la Tierra. Y con el regreso de sus poderes han vuelto también los viejos vicios que le convierten, en ocasiones, en un personaje verdaderamente odioso.

 

«La idea de ensuciarse las manos le repugnaba«

 

Y es odioso porque, en parte, vemos reflejada en él a una parte de nosotros con la que difícilmente podemos estar a gusto. Esa parte que constantemente dice que si quiere algo bien hecho, mejor hacerlo uno mismo. Esa parte que no es capaz de dejar pasar una afrenta y que necesita contestar a cada provocación por nimia que sea. Esa parte que a veces achacamos a la «sangre caliente» o a las malas experiencias del trabajo en equipo y que no es más que una mezcla de arrogancia e ira mal disimuladas. Una de las cosas que siempre han hecho grandes a los héroes de Marvel son, precisamente, este tipo de debilidades, que hacen que un mago capaz de viajar entre las estrellas y las dimensiones con facilidad nos sea tan cercano como un excéntrico ingeniero millonario, un tipo capaz de mudar su piel en verde o el rey de un imaginario país africano. Extraño puede ser odioso cuando tira de sus bajos instintos, pero es entonces cuando más nos identificamos con el. Y cuando se muestra capaz de superar su defectos y crecer y aprender en base a sus errores, nos enseña un camino que todos podemos recorrer. Con o sin magia.

 

Doctor Extraño #3 (#36)

Doctor Extraño #3 (#36)

 

Así, en este número Stephen aprende a pasar de la recitación de hechizos a la creación de sus propios items de magia poderosa y, lo siento si la imagen es un spoiler, recupera su característica capa como paso previo a su completa restauración. Sin embargo, quedan aún muchos rincones oscuros por barrer en la mente el mago y Waid los va a explotar a lo largo de su colección, obligando al personaje a doblar la rodilla una y otra vez, sólo para que los lectores podamos contemplar con deleite como se levanta una y otra vez, del mismo modo en que nos vemos obligados a hacer cada día y cada vez que somos víctimas de nuestros propios errores y del exceso de ego.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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