Excalibur

Excalibur. ¡Pdepadaos pada modid!: Regreso triunfal

Quizás nos vinimos un poco arriba pregonando que el tercer volumen de Excalibur sería el último. Porque sí, lo fue, pero no, no lo fue. Como veis la serie ha seguido su curso, pero a partir de este tomo lo hace sin su guionista original: Chris Claremont. Pero cuando una puerta se cierra, suele abrirse una ventana, que en este caso toma el nombre de Alan Davis.

 

«Cuánto me alegra volver a veros«

 

Especiales aparte, el tomo arranca donde lo dejo el anterior, de tal forma que nos situamos en Excalibur #42 y compañamos a Davis en la labor de cerrar algunos de los flecos de Claremont y de Scott Lobdell (a quien también veremos en este tomo en una aventura que implica nada menos que a la Patrulla-X original y al Doctor Muerte) y reencontrar la magia perdida por el equipo liderado por Capitán Britania. En el post dedicado a Colegialas del diablo ya comentábamos que Excalibur siempre ha funcionado mejor en la experimentación y volando libre. Davis, como co-creador de la serie lo sabe bien y se esmera en recuperar ese punto de locura en el que cualquier cosa podía pasar, llevando a lectores y personajes a reconectar con la fuerza con la que se presentó la colección.

 

Excalibur

 

Así mismo, toma nota de los especiales recogidos en el tomo anterior (y que señalamos como desaprovechados) para integrarlos en la continuidad del momento, de tal forma que las tramas allí descritas tienen consecuencias que se dejan notar en el desarrollo de la serie regular. Si bien puede parecer un detalle menor, ilustra a la perfección el mimo y la seriedad con la que Davis, ahora como autor completo, se toma su regreso a Excalibur y Otromundo.

 

El autor recoge todo lo sembrado por sus predecesores y lo utiliza en un escenario en cambio constante, hasta el punto de que la alineación del equipo sufre algunas variaciones con la incorporación (aunque sea temporal) de nuevos y sorprendentes miembros, aprovechando la que es también una de las señas de la serie, que no es otra que la de su íntima relación con el multiverso y las realidades propias de los What if…? Lo mejor que tiene esta permeabilidad de la serie a la infinitud de realidades es que puede adaptar su tono y circunstancias a cada una de ellas, pasando de la fantasía de espada y brujería a las ucronías distópicas o las comedias absurdas. La de Excalibur es una bendita locura que se echa muy en falta en la Marvel contemporánea.

 

Resulta además una lectura interesante para explorar cómo funcionaba la fuerza Fénix por aquel entonces (en las últimas décadas esta fuerza primordial del universo ha crecido y evolucionado hasta apenas parecerse al concepto original) y para profundizar en la realidad de Días del futuro pasado, que no olvidemos que es de la que vine Rachel Grey. Porque Excalibur, por más que tenga a Capitán Britania como su cabeza visible y tenga su centro de acción en Reino Unido y su idiosincrasia, es consciente de dónde vienen sus personajes y los cuida creando las condiciones para que puedan seguir su propio camino. En este camino, incluso, Davis tiene a bien mirar al pasado de sus protagonistas y proponer encuentros de esos que cambian la vida.

 

El retorno de Alan Davis a su casa, a Excalibur, supuso recuperar y potenciar todo aquello que la hacía grande y original, llevando la serie a una de sus mejores etapas. Y esta no ha hecho sino empezar en estas páginas.

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