Jed MacKay puso el listón altísimo. Su larga temporada guiando el destino de Felicia Hardy sorprendió y entusiasmó, así que el final en diferido de su etapa (tras la serie regular llegaron dos miniseries, la última ligada al evento arácnido Red Oscura) supuso una decepción. Queríamos más aventuras de la Gata Negra. Y desde Marvel también, porque traen de vuelta a la ladrona más estilosa de Tierra-616 de la mano de una de las guionistas más reputadas de la escena súper heroica actual: G. Willow Wilson. La creadora de Ms. Marvel (Kamala Khan) y autora de la etapa más brillante de Hiedra Venenosa recoge el testigo de MacKay y busca diferentes horizontes para nuestra protagonista.
«Es una palabra muy grande para una gatita tan pequeña»
Panini Cómics recopila en un tomo de tapa blanda los cinco primeros números -que componen el primer arco argumental- de la nueva etapa. Una etapa que va a necesitar algo de espacio. La autora insiste desde el principio en tomar distancias respecto a la colección anterior, tanto en tono como en forma. Pero esto supone un arma de doble filo porque el primer instinto es precisamente el que quiere evitar: las comparaciones. Más aún cuando el tratamiento que hace de Felicia difiere tanto del que llevara a cabo con Kamala o con Pamela, personajes a los que dotaba de profundidad y enriquecía en matices, componiendo sus viajes con temas que conectaban con conversaciones de actualidad. Usaba a sus protagonistas para ofrecer una mirada a la sociedad.
Felicia, en cambio, abraza la ligereza como principal atributo. La autora da a la gata un aire bobalicón, excesivamente cándido, en una apuesta por confeccionar una comedia de carácter trivial, superficial. Recuerda, por ejemplo, a lo que hicieran en su día Karl Kesel y el matrimonio Dodson. Aventuras surgidas desde la anécdota y una protagonista díscola y anárquica, pero llena de buenas intenciones. Una apuesta arriesgada porque va contra cualquier expectativa que pudiéramos tener de la Gata Negra. Más aún, insistimos, viniendo del excelso trabajo que MacKay hizo con ella.
Si venís de la anterior etapa el choque inicial es inevitable; algo que no es malo per se, pero obstaculiza la inmersión en el relato. Sobre todo -volviendo al retrato de personajes como Hiedra o Ms. Marvel- porque la sensación de que Wilson se toma esta serie como un trabajo menor es perenne. También puede ser que su intención sea la de acercar a la Gata Negra a un público más juvenil y que no hayamos sabido verlo. Es posible, pero la estrecha relación del argumento con las circunstancias que rodean a Spiderman tras su terrorífica pelea contra Hellgate no invitan a pensar en dicha dirección.
El argumento es divertido, las cosas como son. Las dinámicas con Jonah Jameson o con la enfermera de noche tienen chispa; y la elección de Lápida como primer antagonista es todo un acierto para acotar el escenario. Willow Wilson conoce el entorno arácnido y cómo encaja Felicia en él. El dibujo de Gleb Melnikov subraya además el tono ligero que busca la serie. Su estilo amerimanga aporta un plus de expresividad porque narra haciendo mucho hincapié en las caras y gestualidad de sus personajes. ¿Cuál es el problema entonces? A la espera de que la guionista nos contradiga en siguientes entregas, la sensación persistente es la de que el enfoque no es el adecuado para el personaje y que la propuesta caerá pronto en el desinterés.

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