La Guerra de los Reinos #3

La Guerra de los Reinos #3: El mundo que nunca quisimos ver

La Guerra de los Reinos #3«¿Y cuántos elfos oscuros dirías que vale una diosa?«

 

Llegamos al tercer (de cuatro) número de La Guerra de los Reinos con el planeta Tierra reducido a un gigantesco campo de batalla en el que elfos de todos los colores, gigantes de hielo, enanos, demonios, ángeles y superhéroes luchan por todas partes tratando de consumar la conquista total (unos) de todos los reinos o intentando evitar la destrucción definitiva del último bastión de la libertad (los otros). Queda todo preparado al final de este capítulo para la gran batalla que decidirá el destino de todas las partes en conflicto a lo largo de la última entrega de este evento (son contar con el más que seguro epílogo) y la entrega de este mes supone, por más cosas que ocurran en sus dos entregas norteamericanas incluidas, un simple movimiento para colocar cada pieza en su lugar de cara no sólo a la pelea final entre (a buen seguro) Malekith y Thor, sino también a preparar lo que está por llegar más allá de los confines de esta mini colección.

 

Por lo tanto, ya que no podemos esperar grandes revelaciones a lo largo de las páginas que componen la grapa de septiembre del evento escrito por Jason Aaron, merece la pena que nos detengamos un momento en lo que yace por debajo de tanta bofetada divina y tanto momento extremadamente nórdico y épico. Y lo que vemos es un reflejo del mundo actual. Sí, es un reflejo distorsionado y macabro, llevado a la violencia extrema y con multitud de razas fantásticas que quieren adornar sus casas con las pieles del enemigo, pero si sintetizamos, no estamos tan lejos de lo que aquí se nos cuenta.

 

«¡Ahora tengo una excusa genial para dispararte!«

 

El Reino Unido, cuando más necesaria es la unión de las naciones en un mundo en el que las fronteras cada vez tienen menos sentido, se enfrenta a toda Europa. Europa trata por todos los medios posibles impedir la salvación de las gentes que vienen de África en busca de asilo y una manera honrada de ganarse la vida cuando hace no mucho era tan fácil recurrir a esos mismos inmigrantes para procurarse una mano de obra barata y sin demasiadas ganas de montar un sindicato. Rusia trata de recuperar su gloria perdida a través de una guerra sucia que juega con las suspicacias de sus vecinos y la inactividad de los organismos internacionales para debilitarlos (en lugar de tratar de fortalecerse ella misma). China hace lo propio a través de una guerra comercial (encubierta y no tan encubierta) y de tráfico de información con el resto del mundo y Estados Unidos (¿el último reducto de libertad que pinta Aaron?) se autoinmola bajo la dirección de un enfermo mental que sólo sabe mirar por el beneficio propio sin importarle un carajo quién o qué tenga que caer bajo sus botas.

 

La Guerra de los Reinos #3

La Guerra de los Reinos #3

 

Este es el panorama (y me dejo en el tintero mil y un conflictos de toda clase y dimensión) y, aunque no haya minotauros cortando las comunicaciones del cadáver de un ser celestial donde residen los héroes, lo cierto es que hay víctimas civiles a lo largo y ancho de la esfera de barro y agua que llamamos Tierra. En el cómic que escribe Aaron y dibuja Russell Dauterman la situación se resolverá con una gran pelea entre el que fuera el portador de Mjolnir y el príncipe de los elfos oscuros y con magia a espuertas, pero en la triste u mundana realidad en la que vivimos las cosas no son tan sencillas. Jason trata de decirnos que, si nos esforzamos, aún estamos a tiempo de salvar la sociedad y el planeta que tan poco a poco estamos matando, pero también viene a contarnos que cada vez estamos más cerca de tener que recurrir a antiguos dioses nórdicos para que nos echen una mano… Y me da a mí en la nariz que éstos anda últimamente más ocupados con los preparativos para el Ragnarok que con su interés por salvar a la humanidad de su autodestrucción.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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