«Es sólo una película. Quizá fracase, como un circo malo en invierno«
Pues no, Kurt, nunca es sólo una película. Durante años, hasta que el presidente trompetas ha decidido que la mejor manera de hacer política es sacarse la minga y restregársela al resto del mudo por la cara (de nada por la imagen mental), Estados Unidos ha ejercido lo que se ha venido conociendo como ‘poder blando’, que nos es otra cosa que la conquista mundial a través de métodos no bélicos como pueden serlo la cultura (el poder casi monopolista del cine norteamericano ha servido para extender los valores y la cultura de su nación al resto del mundo), la gastronomía (los imperios creados por marcas estadounidenses como McDonalds o Coca-Cola dan buena cuenta de ello) o la política (la diplomacia, las ayudas internacionales…). Llevamos décadas consumiendo historias que nos llegan del otro lado del charco (este cómic es una de ellas, de hecho) y con ellas nos llegan mensajes que poco a poco hemos ido incluyendo en nuestro propio discurso. La manera en que contemplamos el mundo hoy, en la que defendemos el sistema económico que nos rige y en la que, en general, regimos nuestro día a día, se ve muy influenciada por el bombardeo constante de los medios de comunicación.
Y no es sólo a nosotros. El ejército estadounidense lleva años pagando de su bolsillo películas que blanquean sus operaciones y que sirven, ya de paso, para ayudarle en tareas de reclutamiento dentro de sus propias fronteras. Y no le debe ir mal, porque han estado saliendo filmes de ese palo durante muchos años y cuando he tenido oportunidad de ver alguno de ellos casi habría preferido no tener ojos. Así, el mensaje cala y tanto los ciudadanos norteamericanos como los del resto de países «aliados» normalizamos actitudes, gestos, costumbres y situaciones que nunca fueron comunes donde vivimos. Cuando Gail Simone nos propone a Mutina como la asesina mutante protagonista del último slasher de bajo presupuesto y alto rendimiento en taquilla sabe perfectamente lo que nos está vendiendo y hacia dónde está apuntando con sus dardos
«Están aplaudiendo. Te están vitoreando«
No soy un gran fan de las películas de miedo y, sin embargo y gracias a la tristemente extinta Muestra Syfy de Cine Fantástico, me he pegado auténticos atracones de películas de este género. Y, sin sentirme un experto, pero con el bagaje que os comento, puedo decir que el cine de terror (por lo general) ha evolucionado y ha crecido hasta convertirse en un lugar de encuentro mucho más inclusivo, tolerante e, incluso, interesante que el cine convencional. De los slasher clásicos de los ochenta hemos pasado a películas en las que, sustos aparte, la mayor parte de las veces uno se pone de parte del ‘malo’ sin ninguna clase de remordimientos. Y de ahí a cintas que son mucho más experimentales y divertidas, haciendo de la integración de toda clase de culturas, géneros y orientaciones nuevas herramientas con las que contar historias que merezcan la pena y que (¿por qué no?) puedan servir para que quienes vamos al cine acabemos reflexionando sobre lo que hemos visto en la gran pantalla y en cómo eso encaja en nuestra escala de valores.

La Imposible Patrulla-X #12
Así que no, Rondador Nocturno, ¡Mátame Mutina! no es sólo una película, porque el cine, aunque Netflix y Warner se empeñen en destruirlo tal y como lo conocemos, tiene mucho más poder del que pueden ejercer un par de bombas dejadas caer sobre el territorio de otro país soberano. El cine, como el resto de la cultura, permanece y seguirá ahí cuando el humo de las bombas se haya disipado y cuando la piel naranja del peor exponente de lo que significa ser un humano se haya desecado y olvidado en cualquier tumba anónima.
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