Murciélago #3

Murciélago #3: De tal palo…

Murciélago #3«¡Hay que darse prisa o habrá un cadáver más antes de que acabe el día!«

 

Hay una suerte de regla no escrita en el manga (o quizás sí que esté escrita, que son muy suyos en Japón) según la cual, y excepto muy contadas excepciones, a partir del segundo o tercer volumen de cualquier serie episódica se nos planta delante la primera saga de enjundia. Murciélago no se escapa a esta manera de funcionar y, tras enfrentar a Kuroko contra una mole humana y llevársela de fiesta a una mansión repleta de trampas (una saga más larga que la que nos ocupa hoy y que ya se publica en el segundo volumen de la colección), en el tercer número de la serie Kana Yoshimura plantea la primera trama verdaderamente potente de su cómic, con aprietos reales para la protagonista, atisbos de misterios por resolver y detalles que van a traer cola mucho más adelante.

 

La historia comenzó realmente en el número que leímos este pasado verano. A nuestra protagonista le encargaban secuestrar a una niña que era hija de un antiguo asesino en serie que había cumplido condena y se había logrado reinsertar en la sociedad. Ahora, con la sospecha de que el serial killer había vuelto a las andadas, la policía encarga a nuestra psicópata favorita que lo aísle de su familia y lo acorrale en busca de una confesión. Sin embargo, ya en la portada del volumen que Panini ha publicado en septiembre podemos ver hacia dónde se dirige el giro de la trama en esta ocasión y esto, y una serie de conversaciones con amigos que acaban de ser padres (me hago mayor, ¡rayos!), me hacen reflexionar sobre una serie de elementos que se plantean en este manga.

 

«Te la he devuelto, ¡ahora ya estamos en paz!«

 

No soy padre, así que mis razonamientos habrá que cogerlos con pinzas, pero pienso que los chavales aprenden en primera instancia por imitación. Lo que ven en casa es lo que replican en el parque y en la escuela, con familiares y amigos. Si los padres acostumbran a leer, la cría desarrollará (como mínimo) una cierta curiosidad por la lectura; si los padres dicen tacos el crío dirá tacos; si los padres se gritan la criatura aprenderá que esa es la manera habitual de relacionarse con sus semejantes. Luego llega el resto de condicionantes, claro. El resto de personas que rodeen al niño o niña durante los años críticos de su desarrollo serán quienes vayan modelando los comportamientos que lleve el infante desde casa. Y también la genética juega un papel de cierta importancia en el carácter de base de cada uno de nosotros. Pero ese aprendizaje por imitación siempre está ahí. Y muchas veces basta con ver a los padres para saber cómo es el hijo, por imitación o por reacción ante lo que ven en casa.

 

Murciélago #3

Murciélago #3

 

Yoshimura parece pensar igual (o al menos así se intuye). Nos planta a una niña que crece a la sombra de un padre terrorífico y que se lanza alegremente a imitarle al haber normalizado sus actitudes. También planea en el ambiente el concepto de la herencia genética, pero, sobre todo, se deja la puerta abierta a la rectificación de la personalidad de la niña a través de su convivencia con gente que la comprenda y que la ayude a canalizar sus instintos. A buen seguro, una vez que pasen los efectos finales de esta saga, que volveremos a saber de Rinko (o Ringo, depende de a quién preguntes).

 

Para completar el volumen, además, nos encontramos con pequeñas migas de pan que nos conducen a una trama mucho más profunda y que parece que va a desarrollarse de fondo al resto de historias de este manga, con una nueva escena que sigue incidiendo en el misterio en torno a la identidad y el pasado de Hinako y con el planteamiento de una nueva saga, que va a conducir a Kuroko a una secta compuesta únicamente por bellas señoritas (con el peligro… para ellas que ello va a conllevar). Murciélago, a mi entender, gana en profundidad e interés a partir de este volumen.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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