Ojos de Halcón

Ojos de Halcón: De padres e hijos

Ojos de Halcón«Porque eres mi protegida, porque me quieres y porque es divertido«

 

Llega a nuestras librerías Ojos de Halcón, la recopilación que ha preparado Panini de toda la etapa de Jeff Lemire y Ramón Pérez al frente de las aventuras de los dos arqueros marvelitas que muy pronto (en noviembre de este año) aterrizarán en Disney +. Lo hace en un tomo de lujo que da gusto exponer en nuestra biblioteca y con la firme intención de reivindicar a la pareja creativa que llegó después de la formada por Matt Fraction y David Aja. El tomo, que puede echar para atrás por sus treinta y cinco eurazos de precio, justifica su valor en cuanto lo tenemos en las manos y nos permite conocer con verdadera profundidad a estos personajes sin poderes ni más habilidad que la que ellos mismos han ido entrenando. Dos personajes tan distintos como complementarios que comparten un nexo de unión más allá de las flechas: las figuras paternas.

 

Lemire se dedica en la primera de las tres sagas que componen este libro a contarnos una historia en dos tiempos. Esto, que no es nada nuevo en el autor (aunque quizás el mayor experto al respecto sea Jason Aaron) le permite contar una historia sobre la que va a pivotar toda su etapa al tiempo que va desgranando la infancia de Clint Barton, su desastroso paso por distintos hogares de acogida y su desembarco final en el circo que lo haría elegir su vocación y le enseñaría una vez más a mirar con desencanto a las figuras paternas. La siguiente saga, sin embargo, utiliza este ‘segundo tiempo’ para viajar al futuro y presentarnos a los Clint y Kate de dentro de treinta años y no es hasta el tercer y definitivo arco que el guionista se dedica a repasar la tierna infancia de la nueva Ojo de Halcón para mostrarnos, también, el momento exacto en el que ésta comenzó a suspirar por los arcos y las dianas y descubrió la triste realidad sobre sus padres.

 

«Lamento que su padre ni haya podido venir a recogerla«

 

La reflexión de Lemire alrededor de la relación entre padres e hijos no es ninguna tontería. Todos los seres humanos crecemos creyendo que nuestros padres son seres infalibles, que llevan siempre la razón y que lo saben todo. Sin embargo siempre llega el momento (más tarde si tienes suerte y más pronto si no tienes tanta) en el que descubrimos que nuestros padres no son más… que humanos. Y que como tales pueden ser débiles, egoístas, crueles o estar completamente equivocados cuando tratan de aleccionarnos. El momento en que descubrimos esto es uno de los tres o cuatro puntos críticos en nuestra evolución como personas y la manera en la que lo afrontamos nos define para siempre. Descubrir que nuestros padres no son los superhéroes que creíamos que eran es la mayor decepción a la que nos enfrentamos (de nuevo, según a la edad a la que lleguemos a esta certeza) y el ser capaces de aceptarlo es lo que nos permite crecer más allá de ellos y convertirnos en algo que, aunque aún imperfecto, pueda superarles. Lidiar con la frustración que acompaña a este descubrimiento nos ayuda a comprender que el mundo y las personas, más allá de ser buenos o malos… simplemente SON. Y que es responsabilidad nuestra dotar de algo de sentido a nuestras vidas más allá de lo que nuestros progenitores esperen de nosotros.

 

Ojos de Halcón

Ojos de Halcón

 

Para ilustrar este tomo de profundas reflexiones y momentos de acción frenética, Lemire contó con el canadiense Ramón Pérez, que desplegó una interesantísima variedad de estilos pictóricos para poder diferenciar las partes que hacían alusión al pasado de la acción contemporánea e, incluso, de la breve trama del futuro, que queda aquí como un simpático What If… (lo cual también resulta curioso teniendo en cuanta la serie de animación que estrena Disney este mismo mes de agosto en su plataforma de streaming). Todo esto, guión-reflexión-dibujo, cierra un cómic que, sin llegar a las altas cotas de su predecesor, habla muy a las claras acerca del talento de este equipo creativo.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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