Deathstroke #1

Deathstroke. Dioses de la Guerra: Diversión sana

Deathstroke #1«Es básicamente correcto. No voy a esconderme«

 

Deathstroke vuelve a estar de moda. No sólo ha aparecido en la exitosa (aunque al parecer también irregular) Arrow, sino que Warner lo rescató como villano para su videojuego Batman Origins y DC lo ha vuelto a sacar a escena con motivo de El Fin del Mañana. No es para menos, Slade Wilson es uno de esos villanos a los que coges cierto cariño en contra de tu voluntad. Es un auténtico mamonazo que no le tiene apego a nada y del que, sin embargo, siempre esperas que muestre, aunque sea por un momento, su corazoncito.

 

En esta tesitura, era cuestión de tiempo que DC tratara de hacer caja con el asesino a sueldo más peligroso de la editorial y para ello ha recurrido a uno de sus escritores todoterreno que lo mismo te trae a un Muñequero que a un Superman condenado: Tony S. Daniel no le hace ascos a nada y, como él se lo guisa y él se lo come habitualmente, la editorial se ahorra el quebradero de buscarle un dibujante. Él solito se vale.

 

«No sé qué has hecho para escapar del infierno, viejo«

 

La última vez que vimos a Deathstroke fue en el primer tomo del Nuevo Escuadrón Suicida traicionando al equipo de una manera vil y rastrera (¡menos mal que nos lo hemos leído antes! ¿no?). La serie de Daniel parte de este punto para lanzar a Wilson en una carrera en pos de una víctima que ni tan siquiera recuerda y que le llevará a reencontrarse con viejos enemigos y peligrosos aliados a lo largo y ancho del globo terráqueo.

 

Deathstroke #1

Deathstroke #1

 

Tanto viaje le lleva a encontrarse con algunos interesantes personajes de la extensa galería deceíta, cosa que no sorprende y que en el fondo esperamos que sea una de las constantes de esta obra. Lo cierto es que Tony S. Daniel, con su experiencia en los héroes y villanos más diversos, es el autor perfecto para acometer estos mini-crossovers. En este caso le toca el turno a Batman y a Harley Quinn y, si bien del primero sabíamos que ya le tenía más que cogido el punto, sorprende la soltura con que se desenvuelve manejando a la desequilibrada ex-novia del Joker, plagándola de chistes y haciendo de ella un personaje mucho más divertido de lo que nos estábamos acostumbrando a ver últimamente.

 

«Nuestro padre es un asesino sin piedad«

 

El único aspecto negativo del cómic nos lo encontramos en el apartado gráfico. Bien cierto es que Daniel es un hacha con los lápices y que este tomo contiene algunas splash-pages que mola volver a ver una y otra vez, pero ha fallado en dos puntos cruciales. El primero de ellos es que, pese a acertar con su carácter, el autor convierte a Harley en una suerte de adolescente físicamente hablando y esta manera, tan alejada del resto de interpretaciones, no termina de convencerme. El segundo, el peor, pasa por el rejuvenecimiento al que se ve sometido el protagonista. DC se está pasando un poco bastante con aquello de retirar las canas de sus colecciones: ya se impidió la boda de Aquaman para que pudiéramos seguir viéndolo como un jovencito rey post-adolescente y el romance entre Superman y Wonder Woman no termina de verse con buenos ojos, pero es que lo de este cómic ya riza el rizo un demasiado y medio. Marvel cuenta entre sus filas a varios padres de familia, hombres de mediana edad y algún que otro anciano y nunca ha necesitado rejuvenecerlos para vender más cómics (si acaso ha ido creando versiones más jóvenes e inexpertas). El juego de DC con sus personajes va a terminar por plagar su universo de héroes en pañales demasiado asustados para limpiarse el culo ellos solos.

 

Deathstroke #1

Deathstroke #1

 

Cabreos aparte, el primer volumen de Deathstroke nos ofrece diversión sin vuelta de hoja: violencia, desmembramientos y dramas familiares. La serie de Tony S. Daniel puede leerse sin miedo a necesitar una gran preparación para el personaje y da exactamente lo que promete: mucha guerra y gente jugando a ser dioses.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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