Jigokuraku #1

Jigokuraku #1: La era de los más fuertes

Jigokuraku #1«Dijiste que quieres que te maten«

 

Abro el primer volumen de Jigokuraku (la nueva licencia manga de Norma Editorial) y me encuentro con un misterioso ninja condenado a muerte que, sin embargo, sobrevive a todas y cada una de sus ejecuciones: las armas se rompen contra su piel, el fuego sólo llega a consumir su ropa, los animales que han de partirle por la mitad desfallecen… Y pienso inmediatamente en dos personajes que ha dado recientemente el mundo del cómic japonés: Saitama (One Punch Man) y Mash Vandead (Mashle: Magic and Muscles) e incluso podría meter en este saco a algún otro (como al protagonista de Overlord). Me refiero a caracteres cuya principal característica es su invulnerabilidad y un poder descomunal que los sitúa más allá de los límites de la realidad, incluso en los mundos de fantasía en los que habitan.

 

Leyendo con más profundidad la primera entrega del manga de Yûji Kaku ns encontramos con que estas primeras impresiones acerca de la invulnerabilidad de su protagonista quedan rebajadas en favor de un tipo de personaje más estándar dentro del shonen (manga para adolescentes), con sus fuerzas y debilidades y enfrentado a una serie de retos muy superiores a lo que cualquier ser humano podría esperar en una isla aparentemente paradisíaca. Pero pervive en mi la reflexión que el primer capítulo me provoca: una que parte de una nueva época en la que los autores, educados bajo la sombra de Son Goku y su capacidad para partir un planeta por la mitad a causa de su poder, nos presentan a protagonistas poderosos hasta el absurdo para resaltar el poder de quienes quedan a la sombra (Overlord), hacer una reflexión humorística en torno a la solitaria figura del héroe (One Punch Man) o simplemente reírse de las convenciones clásicas del shonen (Mashle).

 

«Qué remedio… Te mataré«

 

Salvada esta primera reflexión, nos encontramos con un manga que llega, como ya hiciera Jujutsu Kaisen, directamente de las plataformas digitales. Jigokuraku se ha venido publicando desde 2018 en la aplicación nipona de Shueisha Jump+ y, más tarde, ha desembarcado en la versión occidental que ha venido en llamarse Manga Plus. Aparte de ello, la gran editorial japonesa ha recopilado este cómic en ocho volúmenes (por el momento), que ahora llegan a nuestro país a tratar de demostrar que, al igual que ha ocurrido en Japón, la accesibilidad del manga a través de la aplicación oficial no menoscaba (sino más bien todo lo contrario) el deseo de los aficionados por coleccionar los tomos impresos de la obra del mangaka. Personalmente, creo que lo que uno ha ido disfrutando semana a semana en el móvil o la tablet se goza el doble cuando somos capaces de acceder a ello en formato físico, para releerlo en cualquier momento (haya o no conexión), pero serán las ventas de este primer volumen (y las del de Gege Akutami) las que tengan la última palabra en este asunto.

 

Jigokuraku #1

Jigokuraku #1

 

En cuando a la trama de este primer volumen. Kaku nos presenta un shonen de libro (personajes poderosos con técnicas rimbombantes, algo de fan-service, historias de superación, probable galería de villanos y aliados…) aderezado con algunos elementos siniestros que lo acercan a la estética del Berserk de Kentaro Miura (aunque sin caer en el salvajismo de este seinen). Es quizás por ello que en Japón no se atrevieron a meterlo en la Shonen Jump y lo relegaron a la versión digital de la revista, permitiéndole aparecer en papel en un par de ocasiones especiales a través de la Weekly Shonen Jump. Jigokuraku #1 sirve para conocer a los dos personajes principales y el escenario sobre el que van a desarrollarse sus aventuras (una isla en apariencia paradisíaca que termina por devorar a sus exploradores), pero ya promete altas dosis de acción y un sentido del humor muy agradable que son los dos ingredientes que (junto con un dibujo muy trabajado) han hecho de esta obra un éxito de ventas en tierras de los ninjas y los samuráis.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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