Hulk #1 (#116)

Hulk #1 (#116): El regreso del maníaco

Hulk #1 (#116)«Nunca quise ser un superhéroe, ni Defensor, ni Vengador, ni monstruo«

 

Después de una despedida un tanto descafeinada del Inmortal Hulk en España (un problema de impresión hizo que Panini tuviera que retirar la tirada del último número y la edición corregida no parece estar llegando a todas las tiendas) estábamos ansiosos por ver qué nos tenía reservado Donny Cates para el goliat esmeralda. Máxime cuando Al Ewing, con quien ha intercambiado colecciones, ya ha comenzado su andadura con Veneno con un número que deja bien clara la ambición de una de las estrellas más cotizadas a día de hoy en la Casa de las Ideas. Y la cosa es que, de primeras, Cates no parece haber inventado la rueda. Lo que leemos en esta primera entrega nos recuerda (y quizás demasiado) a algo que ya leímos en el pasado. Y quizás esa no sea la mejor manera de heredar una serie que ha superado todas las expectativas en torno a ella, aunque deberíamos dejar tranquilo al actual guionista de Thor y ver hasta qué punto su etapa es un calco del pasado y hasta qué punto se atreve a innovar.

 

La cosa es que, hace la friolera de diez años, Jason Aaron inició una etapa en Hulk en la que Bruce Banner había logrado exitosamente separarse del monstruo, convirtiéndose en un único humano sin alter-egos. Hulk, por su parte, quedaba abandonado para deambular como una suerte de Conan del subsuelo terráqueo hasta que S.H.I.E.L.D. iba a por él para que detuviera a Banner. Porque resulta que el bueno de Bruce había enloquecido sin su contraparte bestial y se había convertido en todo un científico loco y maníaco que trataba de recuperar el gamma a través de los más salvajes experimentos. La etapa pintaba fantástica, sus seis o siete primeros números me parecieron fascinantes, pero, sin venir a cuento, Marvel decidió sacar a Aaron de la colección en torno al número quince norteamericano (nuestra novena entrega) para dársela a otro. El guionista de Lobezno y la Patrulla-X había servido nada más que como anzuelo y su sucesor, Mark Waid (que vendría para hacerse cargo del personaje en Marvel Now!) nunca llegó a despegar del todo en su etapa (ni una renumeración lo salvaría de la quema).

 

«Puede que esto te sorprenda, Tony, pero no había venido a pelear«

 

Ahora, Cates vuelve a desquiciar a la versión humana de la gigante masa de músculos marvelita. Pero en lugar de separar físicamente a Banner de Hulk, pone al primero a los mandos de una especie de nave mental en la que el segundo (y su rabia) alimenta los motores. El cambio de tono con respecto a la serie anterior no podía ser más rupturista, porque es que ni tan siquiera ha dado tiempo a que Bruce le agradezca a quienes le salvaron de las garras del Líder el gesto. El autor da un salto hacia adelante en el tiempo y nos cuenta que algo muy MUY malo ha pasado en El Paso (es de suponer que con civiles muertos y heridos) que ha terminado por volver loco al ya de por sí poco estable científico, que decide ahora comandar a Hulk desde una especie de palacio mental que se parece demasiado a los mandos de un mecha japonés para irse de paseo por el espacio y las dimensiones exteriores, en busca de sabe Dios qué.

 

Hulk #1 (#116)

Hulk #1 (#116)

 

La apuesta es doblemente arriesgada. Primero porque, como digo, no estamos hablando de una novedad per se (esto ya se ha contado y con bastante más maña). Y segundo porque tener como principal personaje a un señor enfadado y rabioso todo el tiempo puede hacer que nos terminemos cansando muy pronto del personaje. Puede que Hulk nunca llegue a encajar perfectamente en la definición de héroe, pero Ewing supo dotarle de un carisma que nos hacía sentirnos culpables al darnos cuenta de que, en secreto, estábamos de acuerdo con gran parte de sus postulados. El Hulk (y el Banner) de Cates ha de encontrar un alma definitoria que le permita diferenciarse de lo que se ha escrito hasta el momento al mismo tiempo que logra que los lectores que venimos de la etapa anterior dejemos de echar de menos al terrorífico e inmortal monstruo gamma.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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